Creo que cuando vivíamos en la oscuridad, cuando parecía imposible pensar en que un día amanecería sin amenaza de muerte en este país, imaginamos que lo que parecía casi utopía sería eso, utópico, acompañado de violines quizá, solemne, que cortaríamos una cinta de inauguración de un nuevo tiempo. Y bueno, pues luego resultó que la parafernalia no fue para tanto. Quizá desde la oscuridad la paz desprendía una luz tan cegadora que no fuimos del todo conscientes de que esa paz era algo más un simple cambio en el interruptor, que también en esto la escala de grises podía ser inmensa. En el diccionario de la RAE, la primera acepción de paz la define como “situación en la que no existe lucha armada en un país o entre países”; la segunda, como “relación de armonía entre las personas, sin enfrentamientos ni conflictos”. Así que, entre el frío o el calor con el que se ha recibido la noticia del desarme de ETA según quien, me preguntaban el otro día si es una buena noticia. Casi coincidiendo con ese sábado, una amiga nos anunciaba que en unos meses seremos uno más en la cuadrilla. Y pensé que ese niño o niña nacerá en un país muy distinto, con sus muchas tareas pendientes, con sus muchos problemas, pero sin el peso insoportable de ETA. Y, sí, eso es una buena noticia.