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La duda

Tocó una pequeña compra en el economato. Y ahí que me los encontré a los dos frente a una de las estanterías. Estaban serios, pensativos, mirando al género. A él, no le parecía bien comprar la marca que, por lo que deduje, llevan a casa de manera regular. ¿La razón? Sus trabajadores están realizando paros y denuncias en los medios de comunicación -en este mismo periódico les han podido ver estos días- por los despidos y recortes que va a hacer su empresa. Ella le preguntó si esos currelas han hecho algún llamamiento al boicot. Él respondió que no. “¿Y entonces, no es perjudicarles más?”. No sé cómo terminó la historia. Seguí a lo mío que tampoco era plan de quedarme allí con la oreja puesta. Pero lo cierto es que el dilema me pareció interesante, más allá de que tener una charla de este tipo un sábado a las diez de la mañana me pareció, cuando menos, encomiable. Cada uno sabrá que decisiones tomaría en una situación parecida, cuál serían sus razonamientos y posturas, cómo llegaría a tomar una determinación. Lo que a mí me dejó alucinado fue ese intento razonado por ser consecuente con una situación laboral determinada en una sociedad acostumbrada a quejarse en las conversaciones de bar sin luego hacer nada. Hablar es una cosa. Hablar y actuar, otra distinta.