Apenas lleva dos semanas en la Casa Blanca pero creo que ya estamos en condiciones de afirmar que el nuevo presidente de EEUU será estudiado sin duda en las universidades, no ya por su impacto histórico -ya le gustaría a su ego- ni por sus decisiones ¿políticas?, sino por su utilización-perversión del lenguaje, como extensión de la manera en que está pervirtiendo los resortes de la democracia: sin ir más lejos, ayer los republicanos respondieron al boicot demócrata en el Senado a la confirmación de los nombramientos de Donald Trump modificando las normas para poder aprobarlos pese al boicot. En otras palabras, algún McLuhan 4.0 estará frotándose las manos delante de la cuenta de Twitter de este señor. Ejemplo, tuit con el que amaneció ayer en esta red social: “Todo el mundo está discutiendo si es o no una prohibición. Llamadlo como queráis. Se trata de mantener a la mala gente (con malas intenciones) fuera del país”. Sí, no hablemos de prohibición, porque de lo que trata en realidad la orden presidencial es de criminalizar a unas nacionalidades en razón de una religión. Todo en nombre de la seguridad. El miedo es el más poderoso resorte de control social. Una sociedad con miedo, tomando decisiones como sociedad impelidos por el miedo, y así estamos.
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