aveces, un contratiempo puede actuar como revulsivo. Un duro revés, una derrota severa, se convierten en puntos de inflexión a partir de los cuales se aprende, se construyen proyectos mejores, más sólidos, con cimientos mejor armados. Así le pudo pasar a Zverev en su maratoniano partido contra Nadal en el Open de Australia. El jovencísimo alemán de 19 años perdió el quinto set víctima de los calambres que asolaron sus piernas ante el continuo y demoledor martilleo al que le sometió el mallorquín. Seguramente tenía que caer para asumir que aún debe fortalecerse, madurar física y emocionalmente, antes de convertirse en el dominador mundial del tenis, como todo el mundo vaticina. Si hubiera ganado, quizá esa necesidad de mejora habría quedado relegada, diluida por el éxito puntual. Esta semana recién finalizada también ha sido propicia para que tanto el Baskonia como el Alavés extraigan la misma lección. Quizá perder por 30 puntos en Grecia ante el Olympiacos haya sido más beneficioso que una derrota digna por cuatro o seis puntos de diferencia. Depende de cómo lo asimile una plantilla que tal vez se había relajado tras una racha triunfal. Lo mismo el Alavés en su empate con el Leganés. A veces, el conformismo y las precauciones excesivas son malos compañeros.