Los consejos del abuelo
Los adolescentes son para mí un segmento social ajeno y enigmático, no sé si son listos o tontos, si creen que no hay futuro, si viven con angustia y estrés, o si pasan de todo. No me fío de lo que me llega de ellos a través de los medios -deformación profesional- y además me da igual, he leído novelas del siglo XIX en las que ya se decía que la juventud estaba peor que nunca, así que supongo que habrá de todo, como siempre ha habido, más allá de la común explosión hormonal. Yo hice el tránsito de la infancia a la preadolescencia cuando el punk vivía el fin de su época clásica, y le di muchas vueltas a las casetes de Evaristo. Algo me quedó de todo aquello, y ante la incertidumbre reinante, ante la asfixiante propaganda que nos embota, ante el contraste entre la presión por ser los mejores y la obvia imposibilidad de que todos lo sean, invito a la chavalería a escuchar con atención esas letras, que encajan como un guante en la realidad de hoy, tan diferente y tan parecida a la de entonces. Y para terminar, unos consejos. No dejes que nadie piense por ti, lee, aprende a relativizar las cosas, que casi nada es para tanto; y disfruta del momento. No te reprimas demasiado, tampoco te pases, y no tengas prisa, hay vida, y mucha, más allá de los veinte años.