Cosas rosas
De casi tan difícil resolución como el debate sobre cuál es el mejor roscón de Reyes -he vuelto a vivir encarnizadas discusiones sobre si nata o crema y no quiero alarmar pero he visto a la venta una variante de hojaldre que quién sabe si creará una nueva corriente crítica- es la pregunta ¿cuándo acaba el tiempo para desear feliz año? Será quizá por esa indefinición que todavía ando un poco atrapada en el vórtice navideño y sigo dándole vueltas a un libro que me topé estos días en una sección infantil de una librería, sobre cuentos “para niñas”. Curiosamente, poco después me encontré con uno de esos vídeos que se hacen virales en redes sociales de una niña fantástica. El vídeo tiene ya unos años, pero Riley, que así se llama la protagonista, se muestra realmente cabreada en una juguetería porque siente que los fabricantes de juguetes “engañan” a las niñas para que compren “princesas y cosas rosas”. “A algunas chicas les gustan los superhéroes, a algunas otras las princesas. Hay algunos niños que les gustan los superhéroes, y otros a los que les gustan las princesas”, clama Riley para preguntarse: “¿Por qué todas las niñas tienen que comprar cosas rosas y todos los niños tienen que comprar cosas de color diferente?”. La reflexión igual nos toca a los adultos.