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Formas de interpretar

No me gustaría que me malinterpretaran, pero añoro aquellos días en los que sonaba el despertador de lunes a viernes con chirriante estruendo y aparatosa sonoridad como condición de la normalidad. Pese a lo intempestivo del despertar, uno asumía la necesidad de levantarse para hacer frente a la propia escasez de cash y de tierras, circunstancias ambas que acostumbran a definir el status del pobre. Así día tras día, sin necesidad de pensar más allá de lo evidente y sin tener que mirar al calendario para cerciorarse de las especificidades de cada día. Sólo espero que todo ello regrese a partir del lunes. Porque, a decir verdad, casi no sé el día en el que vivo ni las costumbres que adornan ésta o la otra fiesta. Tanta comilona, tanta usanza familiar, tanta lotería, números mágicos y terminaciones preferidas, tantos días de regalos y de amigos invisibles, tanta visita a éste o al otro centro comercial, tanto detalle especial y tantos buenos deseos dirigidos a propios y extraños han acabado por romper todos los esquemas de mi mente cuadriculada. Y, para más inri, cuando uno pensaba que todo volvía por sus fueros, resulta que llegan nuevas servidumbres de calendario que hay que respetar, como las rebajas. En fin, que no me gustaría que me malinterpretaran, pero...