Lo contamos como chascarrillo, pero el asunto puede llegar a ser más serio de lo que parece. Una joven austriaca de 18 años ha denunciado a sus padres por publicar fotos suyas de la infancia, muchas de ellas embarazosas -ya saben, mítica foto de cambio de pañal, estrenando el orinal...- en Facebook. 700 amigos tienen los padres de la criatura en Facebook. Al parecer, los padres no solo se niegan a seguir publicando fotos -las han hecho ellos, alegan-, sino que también se niegan a borrar las ya publicadas. Unas 500 fotos de su hija han publicado. Tengo la impresión de que seguimos creyendo que colgar las fotos de nuestros hijos, sobrinos... nuestras fotos en redes sociales es el equivalente a cuando hace veinte años turrábamos al personal con el álbum de fotos de las vacaciones. Y no. Si antes el horror podía ser que tus amigos adolescentes subieran a casa y descubrieran tu foto de primera comunión, traslademos ahora esa experiencia a la posibilidad de que tus padres hayan documentado con amoroso afán tu infancia sin demasiado criterio ni filtro en cualquier red social. Y no hablo ya de otros riesgos que puede entrañar esta actitud. Porque la fotito del orinal puede ser entrañable, pero para el álbum de casa, para la intimidad de la familia.
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