Una de las explicaciones más generosas de estos días respecto a la designación del exministro Juan Manuel Soria como nuevo director ejecutivo del Banco Mundial aludía a la extrema lealtad de Mariano Rajoy con quienes han estado a su lado. No sé si es así, pero casos como los de Ana Mato o Rita Barberá, llevados hasta lo insostenible cuando seguramente podrían haber sido solventados con bastante menos coste político para el partido y para el propio Rajoy, quizá respondan a esa extrema lealtad. La versión del ministro Luis de Guindos atribuye el nombramiento a trámites administrativos, en un proceso en el que designado y designación se incardinan en un engranaje poco menos que automático imposible de eludir legalmente. Ayer, La Razón publicaba los nombres de los cinco integrantes de la comisión que designó a Soria, todos altos cargos del Gobierno del PP, cargos de designación política. Rajoy, desde China, intentaba también ayer zanjar el asunto con un “el señor Soria es un funcionario” que resulta del todo insuficiente cuando un buen número de dirigentes del PP han admitido públicamente, cuando menos, lo inoportuno de la decisión. Decía también Rajoy que su estrategia tras la investidura fallida será “perseverar”. Quizá en este asunto de Soria, como en otros tantos, ha perseverado en exceso.