Hace unos meses, en un restaurante. Sábado noche. Hora de la cena. Comedor lleno. Cuadrillas de amigos, alguna familia, parejas. Cierto bullicio, conversaciones, risas. Y una pareja. En la treintena ambos, no más. Sentados uno frente al otro, consultan la carta. Intercambian algún comentario y piden al camarero su cena. Y punto. Creo que no volvieron a cruzar palabra en toda la cena. Quizá sí cuando llegó el momento de decidir marcharse. Poco más. Hora y media o dos horas en torno a una mesa en absoluto silencio. Eso sí, hiperconectados a través de sus respectivos móviles. No sé si eran matrimonio, novios, espero que no fuera una primera cita, o si eran amigos, o hermanos. Cualquiera de las opciones se me hizo dura. Y leo que, según un estudio, los españoles están pendientes de su móvil una media de 4,24 horas al día, media que sube ligeramente entre los vascos hasta las 4,49 horas. Pero es que hay un 24,4% de españoles que declara utilizar su móvil durante más de cinco horas al día, porcentaje que se eleva al 27% en el caso de los vascos. La media de uso se dispara entre los jóvenes de 18 a 24 años, 6,80 horas al día. Aun asumiendo que parte de ese uso tenga que ver con el trabajo, me acuerdo de esa cena en silencio. Igual los seres humanos somos un poco tontos.
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