Quizá leyeran hace poco sobre la historia de Jole y Michele. Jole y Michele son un matrimonio de Roma, de 84 y 94 años respectivamente. A principios de agosto, algún vecino suyo oyó llantos en el piso de la pareja y llamó a la Policía. Hoy en día, uno se imagina que podía estar ocurriendo casi cualquier cosa. Casi cualquiera menos, probablemente, lo que ocurría. Al llegar los agentes a la vivienda y preguntar a Jole y Michele qué ocurría, se encontraron con la absoluta desolación de nuestros dos protagonistas. El matrimonio, setenta años casados, explicó a la Policía que llevaba meses sin recibir visitas y no pudieron contener el llanto ante los tristes titulares de las noticias. Jole y Michele, afortunados de tenerse el uno al otro y, sin embargo, presos de una soledad que les dejó sin consuelo. Los agentes pidieron permiso para entrar en la despensa y preparar algo de comer mientras esperaban que el servicio médico comprobara la salud de la pareja. Una pasta con parmesano y una charla mientras tanto. La Policía romana contó la historia en Facebook. Qué ironía. Y es que, a pesar de todo, incluso de la mezquindad del ser humano, el contacto entre las personas puede ser la mejor medicina, la humanidad reconforta el espíritu.