Vamos ya con la recta final, toca balance de sección accesorios festivos. Se nos han instalado ya per saecula saeculorum los clásicos básicos, el fondo de armario que no puede faltar a cualquier it girl-it boy que se precie, el consabido sombrero en sus múltiples variantes de color -las rayas parece que han quedado desterradas en las últimas temporadas-. Y siempre hay algún aguerrido que se anima con el sombrero mexicano. Luego están las diademas luminosas, formato lazo, formato antena..., siempre hay alguna. Veo que triunfan, ya lo hicieron el año pasado, las pulseras con la tela del pañuelo de cuadros de fiestas. Por supuesto, las pistolas de agua, aunque no sé yo si el fresquete nocturno invita mucho a este tipo de armamento. Y las gafas, claro. Se llevan monturas más discretas, de colores chillones pero formas menos llamativas. Ni idea de por qué, pero este año se ha incorporado al catálogo el mono de peluche. Quizá son reminiscencias nostálgicas de Marco, el del mono Amedio... En fin. Pero la otra noche me encontré con una cuadrilla que, en plan Carmen Miranda, portaba con gracia y salero un tocado a base de cesta de picnic, con setas y chupito incluidos. Muy logrado, un éxito en las fotos de los móviles de la parroquia circundante.