Justo cuando pensábamos que la cosa empezaba a despejarse. Diez votos tienen la culpa. Diez votos fantasma ajenos a PP y Ciudadanos que apoyaron a los candidatos de estos partidos a las vicepresidencias de la Mesa del Congreso. Necesitamos a Sherlock Holmes, a Poirot, a la señora Fletcher o a Pepe Carvalho. Esa votación ha cabreado a Ciudadanos, que ahora amenaza a Mariano Rajoy con replantearse su abstención -Albert Rivera habla de abstención, pero en las crónicas y columnas madrileñas todos dan por hecho que Ciudadanos votará sí a la investidura, Rajoy se lo está poniendo en bandeja- si pacta con grupos nacionalistas. Aunque, por otra parte, la votación de marras quizá haya permitido -siquiera un ratito- respirar un poco a alguno en la bancada socialista, intuyendo el asidero para poder sacudirse la responsabilidad de que el PP pueda gobernar. Por otra parte, la alegría con la que Podemos y PSOE han atizado a la antigua CDC y al PNV hace intuir que la hipótesis de un intento por formar gobierno alternativo al PP se aleja aún más si es que alguna vez ha estado sobre la mesa. En el PSOE habrá quien esté ojiplático recordando su veto de invierno a ese mismo nacionalismo por simple miedo, entre otros, al discurso demonizador del PP.