Me lo está pidiendo el cuerpo, chicos. Sí, ya sé que en otoño Urkullu nos convocará y nos tocarán las elecciones vascas. Deben de estar los operarios que hacen papeletas y sobres viviendo el nuevo El Dorado (los que hacen urnas lo tienen más chungo porque ésas se reutilizan). Pero esto no es suficiente. Deberíamos apostar por otras generales dentro de seis meses. O con esto del Brexit, adelantar, aunque creo que no se puede, las europeas. Y nos está faltando pero ya la consulta sobre las corridas de toros y otras cuestiones que nos han prometido en el Ayuntamiento. Sin olvidar a Gure Esku Dago (2017 queda muy lejos, señores). La estrategia tiene que ser clara: acabar con las fuerzas de los políticos, jefes de campaña, asesores de prensa y todo bicho viviente relacionado con la cosa de repartirse puestos. La democracia tiene que ser nuestra arma para que nos dejen en paz de un vez, así que tenemos que hacer elecciones como las huelgas a la japonesa, una tras otra y no mirar atrás. Es verdad que la broma nos va a salir por un pico, pero teniendo en cuenta que a estas alturas no nos va a sacar de pobres ni Rita, de perdidos al río. Y habrá más de uno que repetirá muchas veces en las mesas electorales, pero serán nuestros mártires del nuevo futuro.