Por fin formo parte de un comando. No tendría que enterarse nadie, pero tampoco creo que sean ustedes multitud, y además confío en que sabrán guardarme el secreto. Lo componemos ella, él y Rafael; y, claro, yo mismo, que me puse de alias Íñigo con espíritu aventurero, por arriesgar. Nos citamos un día y nos colocamos en círculo chocando nuestras cabezas y compartiendo alientos, como hacen los buenos compañeros de comando. Yo había desayunado pan con ajo, porque es bueno desayunar fuerte, así que hablé poco. Ella se postuló como jefa de comando, pero elegimos a Rafael porque un nombre lo es todo en esta vida. Nuestro comando no es un comando cualquiera. Actuaremos contra el buen vitoriano al volante, el buen vitoriano en bici y el buen vitoriano a pie, perfiles descritos en ediciones anteriores de este espacio. Discutimos bastante sobre el nombre del comando. Rafael propuso llamarlo Rafael, emocionado aún con el argumento anterior, pero todos estuvimos de acuerdo en que era poco descriptivo y quizás personalista. Al final optamos por Komando Kolleja, porque un nombre con k lo es todo en esta vida, y será lo que reciban como castigo nuestros objetivos. La primera acción llegará en unos días. Estén atentos.