los ciudadanos han votado, hace ya más de un mes, pero me da la sensación de que los elegidos no acaban de comprender lo que se espera de ellos. De la mayoría del PP se ha pasado a un escenario fragmentado, de esos en el que todos ganan o todos pierden, según se mire. Da igual, en todo caso. El mensaje de la ciudadanía es que ya no quiere ser gobernada por iluminados que creen saber lo que nos conviene mejor que nosotros mismos. Tampoco quiere el pueblo políticas que favorezcan a unos en detrimento de otros. Por eso no le han dado poder absoluto a ninguno. De los resultados de las elecciones se deduce que no hay más remedio que asociarse, ceder, negociar. No puede imponerse una opinión por encima de otra sin más, todo debe ser acordado. Y no están en eso ni los partidos nuevos ni mucho menos los viejos. Cada uno busca socios para apartar de la escena al rival pero, como los números no dan, pues ahí siguen diciendo chorradas y haciéndole la cobra al rey. Sin respeto ninguno a los votantes del rival y tampoco a los propios, que no los han elegido para borrar a nadie del mapa. No sé cómo acabará esto ni cómo se configurarán al final los pactos. Lo que sí percibo es que cada vez son más cansinos, más de lo mismo, inútiles del todo.