aveces, los gestos son importantes, más incluso que los grandes discursos, las meras poses o las grandilocuentes declaraciones de buenismo. Desde luego, lo mejor son los hechos, aunque hay gestos que son acciones en sí mismas. La prohibición de las carreras de burros por parte del Ayuntamiento gasteiztarra supone un avance social, un gesto que no está tan relacionado con evitar el maltrato físico, que también, como con acabar con la humillación de un ser considerado inferior. No voy a entrar en si un burro merece más o menos que un blusa o los enfervorizados espectadores que jalean la carrera. Lo que sí creo es que Vitoria es desde ahora algo menos bárbara y algo más civilizada, una ciudad que apuesta por proteger al más débil, por muy asno que sea. No tiene sentido divertirse así, hay muchas otras maneras de pasarlo bien que en absoluto implican disfrutar con el sufrimiento ajeno. Por eso no entiendo por qué no se han prohibido también las corridas de toros, una barbaridad mucho mayor que las carreras de burros que se culmina con la tortura y la muerte del animal. Es un espectáculo de otra época, una estúpida evocación del circo romano. La excusa de que detrás de la feria taurina hay dinero del que no podemos prescindir es miserable. No se puede matar a nadie por muy rico que uno sea.