En estas que tenía a una de mis parroquias habituales (estos no son tanto de café mañanero sino más bien de vino a mediodía) en plena conversación a cuenta de si el Gobierno Vasco se olvida mucho, poco o medio pensionista de Vitoria mientras otros -ya saben, los de Bilbao- se lo llevan todo crudo. Como a mí estas discusiones me ponen cachondo, afiné la oreja. Pero apareció en este caso un elemento que rompió la tónica. Una voz que dio al traste con los esquemas de los VTV que odian todo lo que no sea su ciudad, su partido, su periódico y sus personajes típicos. De esas cuerdas vocales de hombre con el culo pelao apareció la idea de: “os hacen a vosotros lo mismo que nos hacéis a nosotros”. Es decir, en resumidas cuentas y quitando de su discurso algún que otro taco y un par de referencias a los atributos masculinos, que a la capital se la trae al pairo el resto del territorio, y que “de qué os estáis quejando si en realidad la mayoría de vosotros no ha pisado Aramaio, Orbiso o Amurrio en vuestra vida, que a lo único que vais a Laguardia es a comprar vino”. La revolución, querido lector, no le digo más. Por un momento me vi marcando el 112. La camarera tenía los ojos como platos temiéndose el armagedón, aunque tanto ella como yo salimos vivos.
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