Tengo la teoría de que a las personas nos puede definir o explicar la mochila de canciones, libros y películas que nos va acompañando a lo largo de la vida. Ese kit de supervivencia personal, esas estaciones en las que por la razón que sea dejaste algo más que en otras y a las que de vez en cuando necesitas volver... o quieres volver. Estos refugios no siempre van ligados a la calidad artística, pueden tener más tintes sentimentales que otra cosa, incluso razones incomprensibles para una misma. Pensaba en esto al empezar el martes con la noticia de la muerte de Glenn Frey, guitarrista y fundador de The Eagles. No sé cuándo escuché Hotel California por primera vez, ni cómo llegué a ella, ni si lo hice de la mano de alguien... no lo recuerdo. Pero el caso es que en algún momento nos encontramos. Por causas que escapan a mi entendimiento la tengo archivada en el mismo compartimento mental que The house of the rising sun de The Animals. Pensaba en esto y en Alan Rickman, magnífico sheriff de Nottingham -Sherwood y Walter Scott son otro mis refugios- que prometía arrancar el corazón a Robin Hood con una cuchara. Obras que te atrapan, reconfortan, evocan, hacen sonreír de nostalgia o simplemente divierten. Como el Hotel California, ya saben, ese lugar que nunca puedes abandonar.