las ciudades más populosas del mundo tienen serios problemas con la contaminación por su desmedido tráfico. Es una punta más del iceberg de la emisión descontrolada de gases CO2 y las sucesivas conferencias sobre el cambio climático -con la de París van ya 21 desde la COP’1 de Berlín’95- van poniendo parches y pasando la patata caliente de una cumbre a otra para que las grandes potencias se corten un poco, pero sin cuestionar el modelo de producción. Vitoria ya puede presumir de estar en ese top, aunque sea a escala de pueblo. El parking de Santa Bárbara registró los días previos a Reyes emisiones excesivas de monóxido de carbono que desprendían los coches concentrados en horas punta. La cumbre local -empresa adjudicataria, Bomberos y Consistorio- tomó medidas como regular los semáforos entre Postas y Los Herrán, que un empleado recogiera los tikets en la rampa, apañar algún extractor de humo atascado o poner un cartel pidiendo a los conductores que al menos apaguen el motor mientras esperan a salir. Medidas drásticas que nos permiten ganar tiempo hasta las próximas navidades. Pero a nadie se le ocurre que quizás debamos repensar la movilidad, limitar el uso del coche y, de paso, también el consumo intensivo y desmedido en estas fechas. Lo demás será pasar la pelota a la siguiente cumbre.
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