Mesa de redacción Los últimos de la fila, por Julio Iturri
suelen ser los últimos en una fila de escolares que salen de excursión. Van como despistados, fijándose por la calle en pequeños detalles para ellos significativos y que al resto le pasan absolutamente desapercibidos. Quizás sean algo más lentos. Quizás lleven gafotas, tengan algo de sobrepeso o las piernas demasiado largas. Quizás arrastren una ligera torpeza psicomotriz o es que quizás sean, sin saberlo, bastante más inteligentes o creativos que el resto. Quizás el gregarismo les aburre o prefieren ir pensando en sus cosas. Son como los números primos de Paolo Giordano, esos chicos o chicas que, por alguna variopinta razón, son singulares o los raros del grupo. El resto se dedica a competir, a darse codazos en la pole position y a correr para superar a sus rivales o lograr una buena marca. Medio centenar de empresas alavesas participan esta tarde en la décima edición de una carrera popular y singular que recorrerá 5 kilómetros por las calles del centro de Gasteiz. Pero, a diferencia de otras competiciones, aquí no vale de nada ser más rápido y dejar atrás al resto, cumplir ambiciosos objetivos o lucir una buena cuenta de resultados. Lo que cuenta es el tiempo que hace todo el grupo, que no puede disgregarse y debe llegar a meta unido, lo que convierte al último de la fila en el verdaderamente importante del equipo. Es una carrera que prima el compañerismo, el colegueo, el buen humor y el apoyo mutuo para que nadie se quede descolgado. Y, si me permiten la metáfora, es por eso también un homenaje a esos raros que siempre van los últimos.