ENTIENDO que a algunos de nuestros políticos les sobre el tiempo para enredarse en discusiones bizantinas, porque muchos de ellos, la mayoría, no lo emplean en resolver los problemas que de verdad afectan a los ciudadanos, sino en hacer ver que les preocupa lo que ocurre bajo sus pies, a pie de calle, que se dice. Teatralizan un desasosiego que, en ocasiones, sólo es apariencia, y trabajan para cambiar lo accesorio mientras mueven piezas, una aquí y otra allá, con el objetivo de mantener atado lo esencial, lo que acogota a quienes les votan. Parece que hacen, pero no siempre hacen; y lo que deciden no sirve para resolver nada verdaderamente importante. Me pareció una simpleza que los anteriores inquilinos de Ajuria Enea decidieran declarar festivo de obligado cumplimiento el 25 de octubre, día en que se aprobó el Estatuto de Gernika. Pasaban más cosas entonces, muchas de ellas sin duda más importantes que colorear de rojo un día en el calendario en lugar de otro. Y hoy considero igualmente necia la propuesta de volverlo a dejar en negro, ese 25 de octubre. ¿Es eso acaso relevante hoy? ¿De verdad lo creen? ¿No se han preguntado a quién le importa? Mientras la calle aguarda la definitiva ebullición y los hogares intentan olvidarse del miedo que cierra sus puertas, ustedes discuten sobre cambiar de lugar un día festivo. A estas alturas de la rabia, perder el tiempo mirándose el ombligo resulta ofensivo. Vayan a lo esencial, o al menos pasen de largo intentando engañarnos. Duele menos.
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