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Trump suspende los ataques contra Irán tras aprobar los "puntos finales" del acuerdo

El magnate republicano ha afirmado además que "los puntos finales" del acuerdo han sido alcanzados entre las partes "tanto en concepto como en detalle"

Trump suspende los ataques contra Irán tras aprobar los "puntos finales" del acuerdoE. P.

Donald Trump volvió a ser protagonista de una ceremonia de confusión. El imprevisible presidente de Estados Unidos pasó en unas pocas horas de amenazar con una hoja de ruta que contemplaba bombardeos de extrema dureza y arrebatar a Irán su principal motor de supervivencia: el petróleo a anunciar que suspendía los ataques programados para la noche de ayer jueves tras llevar a cabo “conversaciones al más alto nivel” con funcionarios iraníes en las que todas las partes habían aprobado los “puntos finales” del acuerdo para poner fin a la guerra desatada el pasado 28 de febrero.

“Dado que se han llevado a cabo conversaciones con Irán al más alto nivel del liderazgo iraní, yo, como presidente de Estados Unidos, he cancelado los ataques y bombardeos programados contra Irán esta noche”, señaló en un mensaje difundido en redes sociales.

El magnate republicano afirmó además que “los puntos finales” del acuerdo para poner fin al conflicto habían sido alcanzados “tanto en concepto como en detalle” por todas las partes, incluyendo Estados Unidos, Israel, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Turquía, Pakistán, Bahréin, Kuwait, Jordania y Egipto.

“El bloqueo naval permanecerá en plena vigencia hasta que se finalice esta transacción; la fecha y el lugar de la firma se anunciarán próximamente”, señaló el mandatario estadounidense, sin dar más detalles al respecto.

Previamente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había anunciado que rompía la baraja diplomática alegando que Teherán había “tardado demasiado en negociar” y advirtiendo que, a partir de ese momento, el régimen de los ayatolás debería “afrontar las consecuencias” de su intransigencia.

Por segundo día consecutivo, las fuerzas armadas estadounidenses ejecutaron una oleada de intensos bombardeos sobre el territorio de la República Islámica. La ofensiva de Washington no se limitó a objetivos en el sur del país asiático, sino que extendió su letal alcance de forma quirúrgica y profunda hacia el norte, impactando infraestructuras en Karaj, una urbe situada a escasos 50 kilómetros de la capital, Teherán, y en la ciudad de Gorgan, enclavada en la estratégica costa del mar Caspio. Según confesó el propio Donald Trump, la envergadura del ataque fue monumental: “Les tiramos 250 millones de dólares en bombas”, presumió el mandatario, ilustrando el poderío destructivo desplegado sobre la nación persa.

El mandatario había advertido que en “algún momento de un futuro no muy lejano”, las fuerzas armadas de Estados Unidos tomarían la estratégica isla de Jarg, el lugar que alberga la terminal petrolera más importante de Irán, así como “otros puntos de infraestructura petrolera”.

Para justificar esta inaudita anexión de recursos soberanos extranjeros, Trump había trazado un paralelismo directo con su reciente y drástica intervención en Sudamérica. “Asumiremos el control total de sus mercados de petróleo y gas, tal como hemos hecho con Venezuela”, escribió, recordando el episodio en el que, tras ordenar la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro, Washington instauró un nuevo Gobierno en Caracas con el que acordó manejar directamente las ventas de crudo. Una maniobra que, según las palabras del líder republicano, “está resultando magnífica tanto para Venezuela como para EE.UU.”, y que ahora pretende calcar milimétricamente en el corazón del golfo Pérsico.

La respuesta de Irán no se hizo esperar, transformando el conflicto bilateral en una crisis de alcance regional. En un desafío directo a la hegemonía militar de Washington, las fuerzas iraníes lanzaron ataques de represalia contra diversas bases militares estadounidenses emplazadas en Kuwait, Jordania y Baréin. Simultáneamente, Teherán ejecutó la maniobra más temida por los mercados internacionales: declaró oficialmente cerrado el estrecho de Ormuz. Esta angosta y vital vía marítima, epicentro mundial del tránsito de crudo y que en las últimas semanas operaba permitiendo apenas el paso de un número muy limitado de buques, se ha convertido ahora en el cuello de botella de una contienda que amenaza con paralizar el suministro energético global.

Respuesta de Irán

Ante esta amenaza existencial, la diplomacia iraní pasó a la ofensiva discursiva. El Ministerio de Exteriores de Irán emitió un rotundo comunicado en el que certificó que los bombardeos estadounidenses “han dejado sin efecto en la práctica el alto el fuego del 8 de abril”. Teherán calificó las operaciones de Washington de “ataques ilegales y criminales” y denunció una “violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas y de las normas fundamentales del derecho internacional relativas al respeto de la soberanía nacional y la integridad territorial de los Estados”.

Irán dejó claro que no claudicará y responsabilizó abiertamente a la clase dirigente estadounidense de las “consecuencias sumamente peligrosas” que derivarán de lo que tildan de “acto de provocación”. Pero la advertencia más cruda fue dirigida a sus vecinos árabes. El comunicado de Exteriores avisó a los países del golfo Pérsico que permitir a Estados Unidos llevar a cabo operaciones militares desde sus territorios los ha situado irrevocablemente “del lado de la parte agresora”. Teherán les recordó su “obligación legal y moral” de impedir nuevas incursiones, al tiempo que reafirmó su inquebrantable determinación de “neutralizar el origen y la fuente de los ataques agresivos”, amparándose en su derecho inherente a la legítima defensa frente a la agresión militar.

Mientras el humo se disipaba en Oriente Medio, Donald Trump acaparaba las pantallas de la televisión estadounidense. En una explosiva entrevista concedida al programa conservador Fox and Friends, el presidente exhibió una mezcla de bravuconería militar y frustración política. “Están acabados. Podríamos entrar a pie mañana mismo. Podríamos enviar soldados, pero no quiero soldados sobre el terreno, pero si quisiera, podríamos poner un pequeño grupo de soldados y tomar todo el país”, aseveró, minimizando cualquier capacidad de resistencia por parte del ejército iraní.

Pese a su alarde de omnipotencia, Trump reconoció ciertas limitaciones impuestas por la opinión pública y el costo humano de la guerra. Adelantó que los bombardeos pserían “más poderosos”, pero matizó que su intención era evitar la destrucción de infraestructura civil básica como puentes, plantas eléctricas o de suministro de agua “porque la gente sufre”. Asimismo, confesó un profundo desencuentro con la voluntad de su propio país: “Estados Unidos no tiene el apetito para lo que yo preferiría hacer”. Explicó que su deseo principal habría sido lanzar una invasión terrestre masiva sobre la isla de Jarg, el epicentro petrolero iraní, pero admitió que dicha operación militar conllevaría inevitablemente un alto costo en vidas estadounidenses, una factura política que Trump es reacio a asumir.

Paralelamente al fragor de los bombardeos aéreos y las guerras dialécticas, se libra una batalla igualmente encarnizada y silenciosa en las aguas del estrecho de Ormuz, donde el Comando Central estadounidense impone un severo estrangulamiento económico. El bloqueo contra Irán, vigente desde el 13 de abril, se cobró nuevas víctimas. con un nuevo ataque de EE.UU. a un tercer buque petrolero.