El triunfo electoral este domingo en Bulgaria del nuevo partido del expresidente prorruso Rumen Radev fue un voto de protesta contra la corrupción política y la inflación, y un castigo a los partidos tradicionales que han mantenido al país en una crisis constante desde 2021.
El popular exgeneral, de 62 años, que dimitió en enero pasado como presidente para poder participar en las octavas elecciones legislativas en cinco años, simpatiza con el líder ultranacionalista húngaro Viktor Orbán y aboga por un acercamiento a Rusia.
Por eso, advierten analistas y rivales políticos, tras la reciente derrota electoral de Orbán en Hungría, el futuro primer ministro búlgaro podría convertirse ahora en el nuevo "caballo de Troya" de Rusia en la UE.
Con el escrutinio completado, el nuevo partido de Radev, Bulgaria Progresista, obtuvo el 44,6% de los votos, muy por delante del hasta ahora dominante partido conservador populista GERB, con el 13,4%, y de la coalición reformista PP-DB, con el 12,6%.
El partido de la minoría turca DPS Nuevo Comienzo, del polémico e influyente oligarca Delyan Peevski, sancionado por EE.UU. y el Reino Unido por corrupción, cayó hasta el 7,1%, mientras que la formación prorrusa y ultranacionalista Resurrección logró entrar en el Parlamento con el 4,25 %.
Alta participación
Aparentemente motivados por la candidatura de Radev, la participación electoral aumentó en unos 10 puntos porcentuales con respecto a los comicios de 2024, al situarse el domingo pasado en cerca del 50%.
Tras cinco años de fragmentación, numerosas elecciones anticipadas (solo en 2021 hubo tres) y un casi interminable "punto muerto político", el nuevo Parlamento contará ahora con una fuerza dominante y mayoría absoluta de 130 escaños, muy por encima de los 121 necesarios para controlar la Cámara de 240 escaños.
Por primera vez en tres décadas, el país balcánico tendrá así un gobierno monocolor, sin necesidad de formar complejas y contradictorias coaliciones. Gracias a su mayoría parlamentaria, Bulgaria Progresista podrá elegir en solitario, y sin acuerdos, al presidente de la Cámara. Posteriormente, la presidenta interina del país, Iliana Yotova, encargará a Radev la formación de su gabinete.
"Ella también forma parte del 'equipo' de Radev, lo que significa que él controlará el poder ejecutivo y el legislativo, y además tendrá influencia sobre la presidencia", destacó hoy Velislava Popova, directora del diario Dnevnik. Bulgaria Progresista tendrá además una posición decisiva de cara a las elecciones presidenciales de noviembre próximo, en las que Yotova espera revalidar su actual mandato interino.
Por otra parte, el partido de Radev aspira a consolidar su poder en las elecciones municipales del año que viene, en detrimento de GERB y DPS Nuevo Comienzo, que controlan actualmente gran parte de la administración local y regional.
Claro rechazo a los oligarcas
Las elecciones del domingo reflejan un claro rechazo al sistema de los últimos años, encarnado por el tres veces primer ministro Boyko Borisov y por el oligarca Peevski. Otro síntoma es que el Partido Socialista Búlgaro, sucesor del antiguo partido comunista, queda fuera del Parlamento por primera vez desde la caída del comunismo en 1990.
"Todo lo relacionado con el modelo actual está en declive, mientras que las alternativas nuevas ganan credibilidad", aseguró Parvan Simeonov, jefe de la encuestadora Myara. A su juicio, al desgaste político de GERB y DPS se suma además el aumento de los precios, que muchos búlgaros atribuyen a la introducción del euro en enero pasado. Esa relación fue enfatizada en la campaña por Radev, quien se había opuesto a la adopción de la moneda y propuso un referéndum al respecto, captando así a parte del electorado desencantado.
Pese al gran poder que acumula Radev, el futuro primer ministro necesitará apoyo parlamentario para renovar —con mayoría de dos tercios (160 escaños)— el Consejo Supremo de la Judicatura, cuyo mandato ha expirado, y para designar a un nuevo fiscal general.
Para reformas judiciales más amplias, Radev podría contar con el apoyo de la coalición PP-DB (38 escaños), que comparte su prioridad de desmontar el "modelo oligárquico Borisov-Peevski". Eso sí, la coalición PP-DB es crítica con Radev por su postura benévola hacia el presidente ruso, Vladímir Putin, y por su rechazo a las ayudas europeas a Ucrania. En todo caso, el propio expresidente y futuro jefe de Gobierno siempre ha dejado claro que Bulgaria debe permanecer en la UE y en la OTAN.