El mundo ha vuelto a respirar durante la madrugada de este miércoles. En una coreografía diplomática de última hora, ejecutada en los salones de Islamabad y confirmada a golpe de red social desde Washington y Teherán, EE.UU. e Irán han acordado un alto el fuego bilateral de dos semanas. La tregua, que suspende temporalmente una guerra iniciada el pasado 28 de febrero, desactiva —al menos por 14 días— la amenaza del presidente Donald Trump de desatar "el infierno" y devolver a la República Islámica a la "Edad de Piedra".

Washington había fijado las 00:00 GMT como el límite de un ultimátum inapelable: o Irán reabría el estrecho de Ormuz, bloqueado parcialmente desde el inicio del conflicto, o las fuerzas estadounidenses iniciarían un bombardeo masivo contra infraestructuras críticas, centrales eléctricas y puentes.

Sin embargo, apenas diez minutos antes de que expirara el plazo, el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, anunció en la red social X el éxito de una mediación agónica. Según fuentes gubernamentales, el estamento militar en Rawalpindi y el propio Sharif permanecieron en vela coordinando llamadas triangulares entre la Casa Blanca y Teherán. El papel del mariscal de campo Asim Munir, descrito por Trump como su "mariscal favorito", fue decisivo. Munir, que ya en 2025 mantuvo audiencias privadas tanto con Trump como con el líder supremo Ali Jameneí, logró desbloquear el diálogo que hoy permite a la diplomacia tomar el relevo de los misiles.

El "Plan de los 10 Puntos"

El compromiso se basa en una contraoferta iraní que la administración estadounidense ha aceptado como "base viable para negociar" un acuerdo de paz definitivo. Este documento de diez puntos será el eje de las conversaciones que arrancarán el próximo viernes en la capital paquistaní con la probable asistencia del vicepresidente JD Vance. Entre las exigencias de Teherán destaca el cese total de agresiones contra el país y sus grupos de resistencia aliados, así como la retirada de las fuerzas de combate estadounidenses de la región. A cambio, la República Islámica ofrece un compromiso formal de no fabricar armas nucleares y la reapertura supervisada de Ormuz bajo un protocolo de paso seguro durante el periodo de tregua.

No obstante, el plan iraní también incluye demandas de alta complejidad, como el levantamiento de todas las sanciones primarias y secundarias, el reconocimiento del derecho al enriquecimiento de uranio y la creación de un fondo financiero para compensar los daños sufridos por el país. Donald Trump ha manifestado que los objetivos militares de su campaña ya han sido "cumplidos y superados" y que la resolución de este conflicto histórico se encuentra en una "etapa muy avanzada", aunque el Consejo de Seguridad Nacional de Irán ha matizado que esto no significa el fin de la guerra, sino el inicio de una fase para finalizar los detalles de su propuesta.

A pesar del optimismo oficial, la fragilidad del alto el fuego quedó en evidencia pocas horas después de su entrada en vigor, cuando la Compañía Nacional de Petróleo de Irán denunció un "cobarde ataque" contra la refinería de la isla de Lavan en el Golfo Pérsico. Aunque no se reportaron víctimas, el incidente subraya la volatilidad de la situación, especialmente tras el comunicado de la Guardia Revolucionaria afirmando que no tiene "confianza en las promesas del enemigo" y que responderá a cualquier "nuevo error" de Washington o Israel con un "nivel superior" de fuerza.

El escenario se traslada ahora a la mesa de negociaciones de Islamabad, donde el respaldo estratégico de China y la mediación de potencias regionales como Turquía, Egipto y Arabia Saudí intentarán consolidar una paz sostenible. Las próximas dos semanas decidirán si el mundo asiste al nacimiento de un nuevo orden regional o si el 22 de abril los bombardeos volverán a marcar el ritmo de la historia en Oriente Medio. Por ahora, el silencio de los cañones es el único éxito tangible de una diplomacia que ha caminado por el borde mismo del precipicio.