Dice uno de los viejillos de nuestro amado templo del cortado mañanero que tenemos que parar con tanto almuerzo y cena pre y post manifa. Todo hay que decirlo, el martes, para cumplir como se merecía con los actos del 3M, hubo más de uno que se puso de colesterol hasta arriba y en estos momentos dejaría los análisis de Osakidetza por los suelos. Pero este arranque de mes es fatal y el 8M llama a la puerta. Así que el escanciador de café y otras sustancias ya está preparando las posibles viandas para el domingo. El becario –o sea, el hijo– puso ayer el acento en el hecho de que al ser el día del Señor y además la jornada de la mujer, se podía terminar el almuerzo con unas manzanas o una tarta de ellas, pretendida gracia religioso-gastronómico-reivindicativa que fue recibida con silbidos, un par de clinex blancos al viento y varios aplausos por parte de dos de los más veteranos, que quisieron levantarle el ánimo al chaval ante semejante fracaso humorístico. Anécdotas a un lado, habrá almuerzo antes de ir al centro, pero esta vez se ha optado solo por pescado tras el atracón cárnico del día 3. Hay encargadas kokotxas de merluza como para tres ejércitos. Porque hay que salir todos los días a reivindicar que el 8M no es solo una jornada o un eslogan, pero hay que hacerlo con la panza satisfecha.