Las reuniones informales de presidentes autonómicos en Fitur las carga el diablo. Claro que eso suele ser así con la colaboración convencida de los presuntos implicados.

¿Qué se puede esperar, acaso, de un corrillo formado por tres mandamases del PP más carpetovetónico –Mazón (Valencia), Moreno (Andalucía) y López Miras (Murcia)– con el cada más encantado de conocerse káiser socialista de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page? Pues un par de jugosos titulares y un vídeo de primera en el que los protagonistas demuestran una camaradería sonrojante más allá de las siglas.

Nada que objetar a los tres con carné del PP, que no se esconden. El que queda como Cagancho en la castellanomanchega Almagro es Page, que se retrata como soberbio, bravucón y, sobre todo, traidor a sus siglas y a sus conmilitones a los que en medio de ese chauchau llegó a calificar de hijos de puta. Lo tienen en Youtube, si quieren comprobarlo.

Un tirón de orejas

Suma y sigue. “A mí ya están a punto de extraditarme del PSOE”, se ufanó el cada vez menos creíble verso suelto ante la camarilla pepera. De saque, demostró que no tiene pajolera idea del significado del verbo extraditar. Y, como propina, acreditó su condición de miserable al que le da igual arre que so, cuando propuso entre susurros que los presentes en el conciliábulo sincronizaran sus discursos para montar una bulla por la financiación autonómica.

La puntilla, ya con cámaras y micrófonos delante, fue acusar al partido cuyo carné no acaba de entregar de estar “en el extrarradio de la Constitución”. Otra vez, el prefijo extra.

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La segunda parte de la opereta bufa se ha conformado a base de las respuestas más o menos airadas de dirigentes de variado pelaje del PSOE. Desde el requetecuestionado ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska al bocabuzón con balcones a la calle Óscar Puente, pasando por el renacido José Luis Ábalos -¿se acuerdan del gachó?- han salido a medio mentarle la madre a García-Page.

Una gran performance, sí. Lo que ocurre es que Ferraz aprieta pero no ahoga. El presunto gran disidente se ha llevado un tironcete de orejas y media colleja mal dada. Política real.