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Los murales que pintan la historia de Vitoria

El proyecto Kolhormak, impulsado por los artistas Diego Berruete y Raúl Salcedo junto a Marta Ponce, realiza intervenciones artísticas en fachadas de edificios y locales de la capital alavesa

Los murales que pintan la historia de VitoriaAlex Larretxi

El proyecto Kolhormak, que une arte urbano y muralismo profesional, nació en 2021 de la unión entre Diego Berruete y Raúl Salcedo, dos artistas vinculados al grafiti que decidieron dar un paso más y profesionalizar su trabajo.

“Los dos pintábamos grafiti y empezaron a salir trabajitos para pintar en fachadas y comercios. En un momento dado dijimos: ‘¿por qué no nos juntamos y hacemos algo los dos?’ y así creamos Kolhormak”, explica Berruete.

Desde entonces, su trabajo se ha ido extendiendo por distintos puntos de Vitoria, con intervenciones en fachadas de edificios, persianas de comercios o espacios comunitarios. En la actualidad, una parte importante de los encargos procede de comunidades de vecinos y talleres, aunque también trabajan para empresas e instituciones.

En el caso de los murales en viviendas, las peticiones suelen estar ligadas al entorno más cercano. “Las comunidades de vecinos suelen pedir paisajes o cosas relacionadas con la zona”, señala el artista. En ocasiones, tienen mayor libertad creativa, aunque reconoce que estos casos son minoritarios.

Más allá del componente estético, los murales cumplen también una función práctica: “En comercios buscan crear una imagen vistosa y proteger la persiana o la fachada de posibles pintadas no deseadas”. En comunidades, el objetivo es similar: “Mantener limpio el espacio y hacerlo bonito”.

Mural en Aldabe.

Pero el proyecto va más allá de decorar. En algunos trabajos, como el realizado en la calle Aldabe o en el barrio de El Pilar, los murales se convierten en relatos visuales de la ciudad. “En estos dos trabajos hemos querido contar la historia del barrio, lo que había antes. Mientras pintaba, los vecinos se paraban y empezaban a contar historias”, recuerda Marta Ponce. 

En el caso del mural pintado en Portal de Arriaga, este rememora el accidente ocurrido en 1974 en el que dos camiones cisterna chocaban en la rotonda entre las calles Portal de Arriaga y Juan de Garay. El accidente provocó la muerte de 11 personas y en la calle Juan de Garay luce un mural de Kolhormak para rememorarlo.

Desde Kolhormak explican que este tipo de trabajos implica un proceso de documentación previa: “Estamos ilustrando parte de la historia de la ciudad y eso también es un aprendizaje para nosotros”. 

“Ilustrar parte de la historia de la ciudad también es un aprendizaje para nosotros, cuando contamos la historia de un barrio, eso conlleva una documentación previa”

Talleres

Otro de los pilares fundamentales de Kolhormak son los talleres, que desarrollan principalmente en ikastolas, institutos y programas de educación de calle. “Normalmente salen en colegios, para adolescentes”, explica Berruete, aunque también organizan murales participativos abiertos en barrios o durante fiestas. El uso del spray condiciona en parte el perfil de los participantes, ya que “los más txikis no tienen fuerza para apretar”, aunque en algunos talleres adaptan las técnicas con brocha o pincel para ampliar el rango de edad.

En cualquier caso, el objetivo va más allá del aprendizaje técnico. “No es únicamente conocer la técnica de pintar, sino que es la excusa para trabajar y mandar un mensaje”, subraya Ponce. De hecho, muchas de las propuestas giran en torno a temáticas sociales como la salud mental, el racismo, la guerra o la memoria histórica, como en los murales sobre el 3 de marzo.

Mural en Portal de Arriaga.

En algunos casos, los propios participantes eligen los temas. “En los institutos les dejan decidir a los alumnos qué les interesa”, añade Ponce. También han desarrollado experiencias intergeneracionales con colectivos diversos, desde personas mayores hasta ámbitos vinculados a la salud mental y el proyecto ha ido ganando visibilidad. “Este año ya tenemos casi hasta julio completo”, apunta Berruete, que percibe un aumento de la demanda tanto de particulares como de negocios.

En el ámbito comercial, los murales funcionan como una herramienta de identidad y visibilidad. “Es como una opción más para dar a conocer tu comercio”, explica Ponce. En el plano más personal, algunas intervenciones tienen un fuerte componente emocional, como los murales dedicados a mascotas del barrio. “En nuestro local de la calle Valladolid tenemos pintada a nuestra gata, que vivió 15 años. También hay una perrita que vivía en el barrio y su dueño quiso pintarla como recuerdo. La conocía mucha gente y durante el proceso la gente se paraba a hablar de ella, eso es muy bonito”, relata Berruete.

Esa conexión con el entorno es una de las claves del proyecto, que busca también cambiar la percepción negativa del grafiti. “Cuando metes un animal o una persona, la gente ya lo ve como algo bonito y cambia la perspectiva”, señala el artista.

Enfoque social

Kolhormak tiene desde el principio el objetivo de participar en iniciativas sociales a través de su arte. “No te vas a vender a cualquiera, tus valores como persona los tienes que mantener también en la empresa”, afirma Ponce.

El colectivo participa en proyectos solidarios y comunitarios, como festivales destinados a recaudar fondos o intervenciones en colaboración con distintos colectivos. “Son proyectos muy agradecidos porque te permiten participar con la comunidad, pensar juntos la idea del mural y contribuir”, explica.

Además, reivindican un modelo de trabajo que no pierda de vista el equilibrio personal. “Queremos vivir de lo que nos gusta, pero sin olvidarnos de vivir”, resumen.