belenista vitorianoPablo González Mecolay

Bajada de Celedón para el recuerdo

01.08.2020 | 09:30
En la foto principal, juego de ajedrez viviente en 1960. Foto: ArquéSobre estas líneas, Patxi Viana y un amigo. Foto: Cedida

Fue el año 1966, con 6 años, cuando tras mi infantil insistencia, asistí por primera vez en mi vida a la plaza de España a ver la Bajada de Celedón. No recuerdo exactamente en qué balcón estaba, eso sí justo enfrente del Consistorio, encima de Sastrería Ibarreta.

Antes de subir, mi padre y mis hermanos habíamos visitado al abuelo Pepe que trabajaba en Tejidos Aldama. El abuelo dejó su trabajo unos minutos para ir a comprarnos los pañuelos rojos en Tejidos Junguitu. Obsequió un puro a mi padre y con el pañuelo recién estrenado subimos a aquella casa.

Imponía asomarse al balcón y ver toda aquella multitud llenando hasta el último resquicio de la Plaza. Esta estaba engalanada con pendones en todos sus balcones incluidos los del Ayuntamiento. Los gigantes y cabezudos protegiendo un escenario a los pies de la balconada y sobre este dispuestos para tocar la Banda Municipal y Banda de Txistularis del Ayuntamiento.

Con puntualidad, al sonar las 6 de la tarde en los relojes de nuestras torres. El alcalde encendió el cohete, que tras subir con meteórica velocidad explotó sobre nuestras cabezas. La banda comenzó a tocar, las campanas de todos los campanarios de Vitoria tañían con fuerza, los bomberos lanzaban al cielo cientos de cohetes en San Vicente, los gigantes comenzaron a bailar, las banderas del balcón fueron izadas y en la plaza el personal saltaba y bailaba, encendían los puros, se colocaban el pañuelo rojo al tiempo que miraban al cielo esperando que el personaje de Zalduendo hiciese su aparición. Las palomas, que en aquellos años abundaban, volaban asustadas sin saber dónde meterse. No pasó ni un minuto cuando se vislumbró en medio de una enorme nube de humo a Celedón, este término su recorrido hasta el rincón. Allí tras una enorme bandera de Vitoria, se efectuó el cambio por Jose Luis Isasi y asomo encarnando a Celedón, saludo con su paraguas, hatillo al brazo y su enorme puro.

Tras ser aclamado por el gentío, bajó por una larga escalera hasta la plaza, donde le esperaba vestida de gala la Policía Municipal, que le escoltó hasta el Ayuntamiento.

En el balcón del Ayuntamiento, donde se apiñaban las autoridades, y tras colocar el pañuelo rojo al alcalde de Vitoria, saludó a aquella masa de personal entregada con alegría a la fiesta.

He querido rememorar aquella impactante vivencia de mi infancia con la Bajada de Celedón para hacer reflexionar a quien corresponda sobre hacia donde han ido evolucionando nuestras fiestas y aquel entrañable acto. Lamentablemente tenemos para ello un año por delante con las no fiestas de la Virgen Blanca 2020.

Me alegra decir con alegría y orgullo vitoriano, que lo más parecido que tenemos hoy es el Celedón y Neska Txiki.

La historia. El primer txupinazo de las fiestas tuvo lugar en 1947 desde la Plaza de Villa Suso. No obstante, no fue hasta una década después cuando empezó a hablarse, como tal, del txupinazo, que ya se realizaba desde la Plaza Nueva. En los primeros años, lanzaban el cohete los concejales del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz y a partir de 1965 sólo el alcalde. Desde hace más de una década, el encendido de la mecha se deja en manos de representantes de la sociedad.