Santiago Niño-BecerraCatedrático de estructura económica, autor del libro ‘capitalismo 1679-2069’

“Hoy día no hace falta comprar la paz social, porque la oferta de trabajo es mucho mayor que la demanda”

07.06.2021 | 00:28
“Hoy día no hace falta comprar la paz social, porque la oferta de trabajo es mucho mayor que la demanda”

Niño-Becerra se atreve a fijar en el año 2065 el horizonte del final del capitalismo tal y como ha existido. Pero lo que vendrá después, advierte, no invita al optimismo

Vitoria – Es uno de los economistas con presencia habitual en los medios de comunicación. En Capitalismo 1679-2065, su último libro publicado en Ariel, Santiago Niño-Becerra (Barcelona, 1951) asegura que nos encaminamos al principio del fin del sistema. El momento de impacto y aceleración que vivimos, y la capacidad analítica y expositiva del entrevistado hacen jugosa la conversación.

Primera carga de profundidad: Niño-Becerra advierte que el covid va a seguir siendo una "preocupación", lo que en sí mismo es un factor económico enorme. Este economista piensa que no hemos salido de la crisis iniciada en 2007, y es escéptico sobre la posibilidad de una recuperación a corto plazo. "El resurgir irá por barrios, y ni siquiera por países", augura. Piensa que el concepto de estado "está agonizando, lo cual no quiere decir que mañana vaya a desaparecer", y que el futuro, "que ya es presente", estará capitalizado por determinadas áreas económicas. Respecto al modelo económico español, ofrece un dato indicativo: "De cada 3 euros que España genera de PIB, un euro lo genera la suma de turismo, hostelería, restauración más ocio y transporte", algo que explica por qué "hay países en los que el covid ha incidido mucho más negativamente".

Dice que no estamos en una crisis solapada a la de hace una década, sino en una fase de esa misma crisis.

–La crisis empieza en 2007, de agotamiento de modelo, y se van produciendo subfases. En los años en los que se decía que la cosa ya iba bien, 2015, 2016 o 2017, en realidad estábamos viviendo con una sonda en la cual nos estaban inyectando dinero. No estábamos bien, porque estábamos viviendo a base de anfetaminas metidas por los Bancos Centrales. Llega 2018, y hay un informe de otoño del Fondo Monetario Internacional en el que dice que el efecto de las anfetas ya se está agotando, y que las previsiones son malas, casi de estancamiento.

Tiempo más tarde, estalla el virus.

–Cuando llega el covid, al cierre de 2019, la situación de la economía española es muy negativa. El crecimiento es del 2%, venía de un crecimiento más alto, cierra con un déficit del 2,8%, incumpliendo todos los compromisos que había hecho con Bruselas. Cierra con una deuda del 95,5% del PIB, y con un desempleo del 14,1%. Cuando el virus llega, España en concreto ya está mal. Luego, evidentemente, el cierre de 2020 es catastrófico, el PIB decrece un 10,8%, el déficit es el 10,97%, la deuda del 120%, etcétera. Aquí yo creo que el Gobierno central nos hace trampa. Dice a la opinión pública que el virus ha cascado la economía española, y no es cierto. Ya estaba mal.

¿Qué perspectivas inmediatas ve para la economía europea?

–En el informe de primavera del Fondo Monetario Internacional, presentado el 6 de abril, la tendencia para España es de estancamiento. Este programa 2050 que presentó Pedro Sánchez la semana pasada, una de dos, o el señor Sánchez habla de otro país, o bien es una carta a los Reyes Magos.

Es un plan a 29 años vista. Hay un largo tramo para intentar avanzar.

–Sí, pero hay etapas. La primera sería en 2030, la segunda en 2040 y la tercera en 2050. Dijo el señor Sánchez que España tiene una presión fiscal que es una de las más bajas de Europa. Es verdad, estamos en décimoquinto lugar. Pero mirando el esfuerzo fiscal, en relación no al PIB, sino a la población y a la renta disponible, España está en el quinto lugar, que no es una posición tan mala.

Así que es escéptico sobre la situación a partir de otoño.

–Yo creo que la situación va a ser bastante parecida a la de ahora. Para el verano, en el turismo, Fitur se da con un canto en los dientes si el número de turistas llega al 40% de 2019. Si se cumple, la pregunta es cuánto dinero van a dejar estos turistas. Yo creo que España ahora tiene dos problemas básicos. Por un lado, cumplir la batería de reformas que Europa ha puesto para tener acceso a esos famosos fondos europeos, y en segundo lugar emplear bien el dinero de esos fondos.

Estos años de crisis cortan la idea de la prosperidad. Con el añadido, como apunta en su libro, de una menor necesidad de empleo. Un panorama muy desalentador.

–Por definición, a nivel mundial, la demanda de trabajo va a menos. La tecnología cada vez es más barata, más sofisticada y más fácil de utilizar. En términos medios, por cada empleo que crea la tecnología, destruye siete. Esta es la realidad. Es verdad que ese empleo que crea la tecnología es de alto valor añadido. Si a esto añadimos en el caso de España que su PIB tiene un componente del sector servicios muy fuerte, España generará PIB en tanto en cuanto nos venga el turismo. Y creo que el turismo en España va a padecer la inestabilidad de rentas que tengan lugar en Europa. ¿Cuántos turistas van a tener problemas de renta?

Recuerda la importancia del sector de la automoción. Si a una corporación, con fábrica en Landaben y en Martorell, le va bien con el vehículo eléctrico, será un reguero de dinero. Si le va mal, un seísmo.

–El automóvil genera el 10% del PIB de España. Con un hándicap muy importante en la media de varios años: de cada 100 automóviles que España fabrica 90 los exporta. Por otro lado, hay una dependencia clara. De las 18 plantas que hay en España, ninguna es española. Las decisiones se toman fuera. Renault ya ha dicho que los seis modelos nuevos en los próximos años ninguno se va a hacer en España. Todos se van a hacer en Eslovaquia y Marruecos. En segundo lugar, el automóvil eléctrico está muy bien, pero parece que nos hemos olvidado de que tiene un 30% menos de componentes que el automóvil con motor de combustión. Si el eléctrico se generaliza, la fábrica de cambios de marcha que Renault tiene en Sevilla, la acabará cerrando, por ejemplo.

Viene una gran transformación.

–El mundo de la automoción va a tener unos cambios tremendos, y España no va a poder decir absolutamente nada, porque todas las decisiones le van a venir de fuera. El 10% del PIB es mucho, pero sobre ese 10% España no tienen ningún control. Este es un problema realmente muy grave.

Escribe que hoy "ni siquiera es necesario que la clase obrera esté contenta, hoy quien debe estar contento es el capital".

–Cojamos un fenómeno reciente: los chalecos amarillos en Francia. Sí, el efecto champán, subieron como la espuma, ¿y qué ha sido de los chalecos amarillos? Antes había que comprar la paz social, porque en primer lugar los partidos de izquierda eran muy fuertes, los sindicatos eran muchísimo más fuertes, y la demanda de trabajo era creciente. Hoy día no hace falta comprar esa paz social, porque la oferta de trabajo es mucho mayor que la demanda, y existen métodos tecnológicos de represión pasiva muy fuertes, y en tercer lugar, si se garantiza un mínimo, por ejemplo a través de la renta básica y se pone el condicionante en una buena conducta, ya se ha desmontado todo el tema de revueltas y reivindicaciones. A medio plazo, no veo ningún tipo de movimiento reivindicativo fortísimo.

Con Trump hemos visto que la clase media puede inclinarse por soluciones involucionistas.

–De entrada, la clase media se divide en tres: la clase media alta, la clase media media y la clase media baja. Quienes básicamente apoyaron a Trump es la clase baja, la clase media baja y parte de la clase media media. Yo creo que el asunto va más allá. La clase media fue inventada después de la Segunda Guerra Mundial, por necesidad. Hacía falta crear una ilusión de acceso a una serie de logros, y además apoyada por un modelo de protección social. Esto fue verdad durante una serie de años. Entonces la clase media trabajaba, consumía, pagaba impuestos, se reproducía y votaba. Esto ya no es así. La clase media está desapareciendo tal y como yo lo veo porque ya no es necesaria.

¿En qué sentido?

–Esto está muy vinculado a aquello de comprar la paz social. A mediados de los años 20, el 1% más rico de la población en Estados Unidos controlaba entre el 27 y el 28% de la riqueza. A través de políticas fiscales redistributivas bajó al 7,5% a mediados de los 70, y a partir de ahí volvió a crecer, y hoy vuelve a estar entre el 26 y el 27%. La concentración de la riqueza ha ido a más, a costa de monopolizar el crecimiento y de empobrecer a capas de clase baja y media. Así que la clase media no es necesaria porque ahora podemos producir bienes y servicios sin necesidad de tanto factor trabajo. La pregunta que igual me hace a continuación es quién va a comprar lo que se fabrica.

En eso estaba pensando.

–Todo consiste en bajar el precio a través del uso de más tecnología. Con lo cual aunque la remuneración media de esta clase baje, tendrá acceso a bienes que antes no tenía porque la productividad era más baja. Piense en un ordenador o un televisor, cuánto costaban y cuánto cuestan.

En cambio, el acceso a la vivienda se ha encarecido, un derecho fundamental.

–Sí, pero cuidado. En España hay un problema de acceso a la vivienda, sobre todo para los jóvenes, porque la política de vivienda ha sido nefasta desde siempre, incluso desde antes del franquismo. Pero usted se va a Países Bajos o a Austria y este problema no existe, porque han desarrollado políticas públicas muy potentes. En el cinturón de Viena, por ejemplo, el 80% de la población en alquiler vive en viviendas públicas. En España el tema de la vivienda se ha dejado en manos de la iniciativa privada. Basta mirar el porcentaje de vivienda pública en España, el 2,5% de las viviendas principales.

Habla en su libro de la Generación T, la Generación Touch, de la que sus mayores tienen 12 años, nacida en el desarrollo de Internet. Cree que puede ser socialmente muy endeble en su vida adulta.

–El concepto de privacidad que para una persona de 50 años significa una cosa, para esta generación significa algo totalmente distinto. Veo que va a ser muy fácilmente manipulable, y esto abona la idea de que la contestación social cada vez va a menos y está desapareciendo.

En El estilo del mundo Vicente Verdú decía en 2003 que el capitalismo aspira a gustar. ¿El sistema dejará de hacerlo y por ello se acerca a su final, tal y como usted augura?

–Cuando Vicente Verdú publica este libro, estamos en una época por así decirlo dulce. Pedías un crédito y no tenías ningún problema en obtenerlo, el que no tenía un Audi era porque no quería, porque todo te empujaba a que lo tuvieras... hasta 2007 fue así. El capitalismo adoptó esa cara porque le convenía que la gente consumiera hasta el límite.

Ahora hemos interiorizado que el capitalismo sufre cuando se consume mucho y cuando se consume poco.

–En cada momento el capitalismo tiene que tener un escenario que le sea propicio. Hoy ya no tiene esa careta de 2003, tiene otra. En mi libro analizo una frase de Florentino Pérez, que dijo que la marca Real Madrid era como Walt Disney, pero sin explotar.

Con el covid se ha dicho que los poderes económicos han reaccionado de una manera inversa a la de 2008, y se ha entendido que no se puede dejar a nadie atrás.

–Es que yo creo que no es verdad, no es cierto que no se puede dejar a nadie atrás, esto es una consigna, pero vacía de contenido.

De momento los ERTE sirven para ganar tiempo.

–Hace unos días se ha probado en Estados Unidos un camión autónomo cargado de sandías que ha recorrido 1.500 kilómetros. ¿El chófer de ese camión qué va a hacer? No se tiene que dejar a nadie atrás. Vale, ¿qué va a hacer un señor que toda su vida ha estado conduciendo? ¿Qué se va a hacer con esa persona? Lo de que no se va a dejar a nadie atrás es una consigna para que la gente vuelva otra vez a tener confianza y sobre todo no escuche a esas cosas que se han calificado de populistas, ni de un color ni de otro. Pero constantemente se está quedando gente atrás. En la zona de la Línea de la Concepción, paro juvenil: 80%. ¿Cómo le das la vuelta a esto?

La ministra ha venido a decir que trabajando a fondo.

–La ministra es una política, y en el próximo Gobierno posiblemente no estará.

Usted augura que el capitalismo como tal no continuará a partir de 2065, a pesar de esa capacidad de mutación. ¿Cómo lo explica?

–Si analiza los últimos 2.000 años, todos los sistemas económicos han tenido una duración de entre 240 y 250 años. Estos sistemas nacen debido a una necesidad, evolucionan, llegan a un máximo y luego declinan porque ya han dejado de ser necesarios. El capitalismo nace a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Para mí está dejando de ser necesario porque la tecnología permite hacer las cosas de otra manera.

La sala de máquinas del capitalismo buscará estabilidad.

–Sí, pero la estabilidad es relativa. Recuerde la frase de Rothschild: Hay que comprar cuando la sangre corre por las calles. Es decir, estabilidad cuando toca. Cuando no toca, el capitalismo puede ser muy voraz y ejecutor. El poder puede estar en el piso 35 de un edificio del Rockefeller Center. Ese poder se adaptará a lo que haga falta, porque el cambio de alguna forma lo está pivotando él.

Como individuos nos educan en la competencia.

–Sí, pero eso no tiene importancia. Somos perfectamente sustituibles, intercambiables y prescindibles. A ese centro de poder que está en el Rockefeller Center qué más le da. Creo que uno de los elementos más visibles de que el capitalismo está declinando a una velocidad tremenda, es la concentración de capital que se está formando. Si suma la facturación de las diez principales empresas mundiales en el año 2019 da una cifra que es mayor que el PIB de Reino Unido. Esto es anticapitalista totalmente. Un Amazon es totalmente anticapitalista, porque eso supone una concentración de capital brutal. No digo que sea anticapitalista que el señor Jeff Bezos (fundador de Amazon) tenga una fortuna de 180.000 millones de dólares. El problema no es ese. El problema es la concentración de capital que se está dando. Hay empresas que ya están presentes en 160 países. Si vamos a un mundo en el que los estados declinan y las corporaciones adoptan un papel por encima de los estados, perdone, esto ya es otro sistema.

"En términos medios, por cada empleo que crea la tecnología, destruye siete; esta es la realidad"

"La clase media no es necesaria, porque podemos producir sin necesidad de tanto factor trabajo"

"No es cierto que no se puede dejar a nadie atrás, esto es una consigna, pero vacía de contenido"

"El Gobierno central nos hace trampa; dice que el virus ha cascado la economía española, y ya estaba mal"

"España tiene el problema de cumplir con las reformas que Europa ha puesto para acceder a los fondos"

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