En el recorrido de Mikel Larrañaga hay algo que pesa tanto como la pelota: la herencia. Criado entre frontones, viajes y partidos, su historia empieza mucho antes de que él mismo empuñara la pelota. 

Su padre, Joaquín Larrañaga, fue una figura clave no solo por su trayectoria –subcampeón olímpico en Barcelona 92–, sino por lo que transmitió en casa. “Me veían antes de empezar a andar ya con la pelota”, recuerda Mikel, evocando una infancia marcada por ese ambiente. “Al final eliges ese camino por lo que vives en casa”.

Aquel entorno no solo lo construyó su aita. Su ama fue el apoyo constante en la sombra: viajes, partidos, ánimos. “Al final, todo eso te crea una afición que es muy difícil de dejar”, explica. También su hermano mayor Julen, con quien compartió innumerables horas en el frontón, fue una referencia clave. “Lo veía jugar y quería hacer lo mismo”.

Mikel Larrañaga en un partido del torneo GRABNI de 2026 Federación Alavesa de Pelota Vasca

Ese camino le llevó pronto a destacar. En categorías inferiores acumuló títulos importantes, entre ellos el GRABNI sub-22.Ganar un torneo así, contra gente que luego ha debutado, me hizo pensar que podía aspirar a más”, afirma. 

Durante un tiempo, el salto al profesionalismo parecía cercano. “Hubo un momento en el que lo vi cerca”, recuerda. Pero la oportunidad no llegó en el momento adecuado. “Fue un palo duro”, admite. “No es solo no llegar, es que ves la opción y no la puedes aprovechar o no te la dan en el momento adecuado”.

“Te desanimas, bajas el nivel de entrenamientos… y poco a poco se te va la ilusión”

Mikel Larrañga - Pelotari

Aquella decepción marcó un punto de inflexión. “Al final bajas un poco el listón, te desanimas, ya no entrenas como antes ni haces físico, y poco a poco se te va la ilusión”, reconoce. Sin embargo, nunca dejó del todo la pelota. “He seguido jugando, pero desde otro punto de vista”.

Volver a jugar

Con el paso de los años, Mikel encontró en el trinquete una nueva forma de reencontrarse con el juego. “El frontón es más exigente, tienes que estar mejor preparado, sufres más de manos; el trinquete te da más opciones”, aduce. Pero el verdadero impulso fue emocional: “Me hacía ilusión volver a jugar con mi hermano, volver a competir, pero disfrutando más”.

Hoy, cerca de la treintena, vive uno de sus mejores momentos personales en la cancha. “Ahora estoy disfrutando más que nunca de este deporte”, asegura. 

“He seguido jugando, pero desde otro punto de vista, sin tanta exigencia y con más ganas”

Mikel Larrañaga - Pelotari

Larrañaga mantiene su identidad como pelotari potente –“siempre le he dado mucha velocidad a la pelota”–, aunque reconoce una evolución: “Antes era más descontrolado; ahora he encontrado ese punto medio entre potencia y control”.

Aunque ha jugado muchos campeonatos por parejas, el mano a mano tiene un valor especial. “Cuando juego individual es como que no tengo la presión de nadie más, soy yo contra el rival y estoy más tranquilo mentalmente”, explica.

Mikel Larrañaga en un partido del torneo GRABNI de 2026 Federación Alavesa de Pelota Vasca

Fuera del frontón, su faceta como profesor también está marcada por lo aprendido en el deporte. “El respeto es lo más importante que te enseña”, afirma. Más allá de la competición, defiende el disfrute: “A esas edades no se trata de ser tan competitivo, sino de pasarlo bien”.

Clasificado para la final del GRABNI en trinquete de este año, Mikel afronta el reto con realismo. “Sé que será un partido muy complicado, como no juegue bien voy a tener pocas oportunidades”, confiesa, aunque no renuncia a sus opciones: “Si hago lo mío y estoy concentrado, tendré alguna ocasión de ganar”.

“Me hacía ilusión volver a jugar con mi hermano, competir otra vez, pero disfrutando más”

Larrañaga

Cuando mira atrás, no hay arrepentimiento. “Estoy contento con la carrera que he tenido, he conocido a muchísima gente y he tenido suerte también”, asegura. 

La espina de no haber sido profesional sigue ahí, pero ya no importa tanto: “Quién sabe, igual hubiera salido peor”. Lo tiene claro: “La pelota me ha dado muchísimo en la vida y me sigue dando”.

“Lo bonito es el camino, la gente con la que compartes todo esto”

Larrañaga

Y si tiene que quedarse con un recuerdo, no duda: “La txapela del GRABNI Sub-22 es muy especial”. Aunque enseguida deja clara su verdadera conclusión, la que resume toda su trayectoria: “Lo bonito es el camino, el tiempo que pasas con la gente, con compañeros a los que admiras y con los que disfrutas”. 

Porque, al final, más allá de títulos y oportunidades perdidas, la historia de Mikel Larrañaga es la de una vida ligada a la pelota desde casa, desde la familia y desde el disfrute.