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Llegan los Juegos Mejorados, barra libre al dopaje

La competición que permite las sustancias dopantes se celebra este domingo en Las Vegas entre premios millonarios, médicos, biotecnología y una pregunta para el deporte moderno: ¿dónde están los límites del espectáculo?

Llegan los Juegos Mejorados, barra libre al dopajeEuropa Press

Las Vegas, el lugar del pecado y el desenfreno, la ciudad que conduce a los límites financieros con apuestas imposibles, traspasará las fronteras legales conocidas hasta ahora con los Juegos Mejorados, que se celebran este próximo domingo, 24 de mayo, una competición que rompe uno de los pilares históricos del deporte, la prohibición del dopaje. Es “el futuro del deporte”, según proclaman, que ya está aquí.

Los Juegos Mejorados son “la competición para construir superhumanos”, resume la organización, que presume de su creación apelando a la libertad individual, la innovación científica y la voluntad de “superar los límites biológicos” del ser humano. Los Enhanced Games, como se conocen en inglés, es “una nueva competición deportiva mundial diseñada para superar los límites del rendimiento humano. Los Juegos desafían los modelos deportivos tradicionales al incorporar la ciencia, la innovación y la mejora medible del rendimiento en condiciones reguladas”. Y con mensajes así se promocionan: “Es el hombre más rápido del mundo. Ha batido el récord de Usain Bolt en los 100 metros. Pero el mundo no está preparado para él. Los Juegos Olímpicos lo odian. Ha sido vilipendiado. Será reivindicado. Ven a verlo competir en los Juegos Olímpicos Mejorados de 2024”.

La contraposición son todos los organismos internacionales históricos, el Comité Olímpico Internacional (COI), las federaciones y la Agencia Mundial Antidopaje como máximo exponentes, que desde su existencia han promovido la lucha contra los productos ilegales que mejoran el rendimiento humano de manera artificial. Estos últimos alertan del peligro, de la manipulación de los deportistas empleados como cobayas, de un negocio farmacéutico que se esconde detrás de la fachada de la competición deportiva y, en definitiva, de la destrucción de la ética en el deporte. “Es peligroso e irresponsable”, denuncian.

La misión: producir superhumanos

La idea fue expuesta hace dos años con el empresario y abogado australiano Aron D'Souza, erigido en alma mater de esta fiesta promocional del dopaje. “Nuestra misión es producir superhumanos, que todo el mundo viva mejorado”, sentenció. Entonces parecía una provocación, algo descabellado que pretendía cuestionar las bases conocidas de la actividad deportiva. Ahora es una iniciativa privada transformada en realidad gracias a inversores tecnológicos y fondos de capital de riesgo ultraliberales, con patrocinadores como el cofundador de PayPal, Peter Thiel, o la compañía 1789 Capital que dirige por Donald Trump Jr., hijo del presidente de Estados Unidos.

El resto del mundo observa con temor y expectación, porque los Juegos Mejorados no pretenden convivir con el deporte tradicional, sino desafiarlo, con un relato que tacha de hipócrita la actividad deportiva convencional, donde, dicen, abundan las sustancias sospechosas pero se esconden bajo tratamientos que persiguen precisamente eso, ocultar la presencia. La visión de estos es regular el uso de sustancias antes que empujar a los deportistas hacia mercados clandestinos y prácticas ocultas.

Atletismo, natación y halterofilia

El deporte profesional ha construido su legitimidad sobre una premisa simple: todos compiten bajo las mismas reglas, en igualdad de condiciones. Es cierto que el dopaje ha convivido con la competición, sin embargo significaba traspasar los límites de la legalidad y la moralidad. Esa es la línea que han decidido borrar los Juegos Mejorados, que albergarán competiciones de atletismo, natación y halterofilia.

El proyecto reunió hace unos meses a los atletas en Abu Dhabi para realizar un campamento de entrenamiento de tres meses. El foco de atención no estaba puesto en el tartán o en las piscinas, sino en un hospital privado donde se llevaban a cabo los programas personalizados de mejora física, es decir el suministro de los cócteles de sustancias dopantes, bajo el argumento del control clínico y la transparencia. Pero es aquí donde surgen dudas: ¿Y si esa personalización es más precisa en unos que en otros y significa ganar o establecer nuevos récords? ¿Habrá controversia? Porque la exposición al riesgo es evidente, pero quien más se exponga, más lejos podrá llegar, se entiende. ¿El responsable de establecer esos límites dopantes de cada deportista estará a la vez decidiendo la competición?

La monetización del cuerpo humano

Mientras expertos médicos advierten sobre los problemas derivados del abuso de sustancias, los deportistas participantes sostienen que el deporte de élite ya implica riesgos. Si bien, varios participantes admiten que la recompensa económica es un motivo fundamental para inscribirse y asumir los riesgos. Promueven la idea de la monetización del cuerpo humano. ¿No vende su cuerpo cualquier trabajador? ¿No hay trabajos que implican riesgos? Son las defensas de sus creencias.

En los Juegos, todos los participantes poseen un salario base anual. Además, los ganadores de cada prueba se embolsarán 250.000 dólares (215.000 euros), mientras que los récords mundiales, que no serán homologados oficialmente, se cotizarán a un millón (860.000 euros). Cifras que divergen considerablemente de las del deporte convencional. Por ejemplo, World Athletics, la federación de atletismo, paga 100.000 dólares por un récord mundial (86.000 euros). El COI no concede premios por las medallas; son los comités de cada país los que lo hacen con las cantidades que consideren oportunas, así, el Comité Olímpico Español pagó el oro olímpico a 94.000 euros en los últimos Juegos Olímpicos.

Imagen de una prueba de los pasados Juegos Olímpicos de París.

Un supermercado de fármacos

Los Juegos Mejorados no nacen solo como un evento deportivo, sino como un evento ideológico, cultural y comercial. En la página web oficial se puede encontrar una sección de venta de productos: testosterona, pérdida de grasa, longevidad, péptidos, suplementos, vestimenta… “Tratamientos personalizados y programas guiados diseñados en función de su biología única”, dicen desde este supermercado para la creación de “superhumanos”.

Los Juegos son el escaparate para la captación de clientes y los deportistas, los maniquíes. Porque detrás de este evento está el universo tecnológico y financiero convencido de que el futuro pasa por “la optimización humana”. De hecho, recurren al siguiente debate: si la sociedad acepta la transformación a través de cirugías o tratamientos de diversa índole, ¿por qué el deporte vive de espaldas a esa realidad que en resumen es la búsqueda de la mejora de la calidad de vida humana?

Los problemas por el uso de sustancias

Los Juegos Mejorados se presentan como la máxima expresión del famoso lema oficial de los Juegos Olímpicos: citius, altius, fortius; es decir: más rápido, más alto, más fuerte. ¿Lo quieres conseguir? Puedes. Es lo que mercantilizan, la globalización de los “superhumanos”, de los cuerpos apolíneos de un poderío físico sin parangón, omitiendo que estos programas que buscan la excelencia del rendimiento humano pueden degenerar en graves problemas cardiovasculares, daños hormonales o trastornos psicológicos derivados del uso prolongado de las sustancias que se ofertan. Y ahí está la clave del negocio, en recurrir a la libertad de cada uno para la búsqueda de una mejor versión de uno mismo.

La oposición es contundente: consideran que legitimar el dopaje destruye la credibilidad de la competición y envía un mensaje devastador a la sociedad. Queda por ver si tendrán éxito. En cualquier caso, el debate estará servido. El impacto no se medirá en récords sino en la aceptación social, cuyo termómetro será la comercialización de fármacos. Aunque lo cierto es que estos Juegos Mejorados no representarán los límites del ser humano. Habrá mayores fronteras. Lo próximo podrían ser deportistas con implantes biónicos, aún más rápidos, más altos, más fuertes, con compañías tecnológicas seguro que dispuestas a seguir explotando los márgenes de la humanidad.