Mbappé, goles que no emocionan
Pese a sus números de élite, siendo máximo artillero de LaLiga y de la Champions League, el francés vive en el foco de las críticas por la falta de títulos y las controversias que alimentan las dudas acerca de su compromiso con el Real Madrid
Desde su llegada al Real Madrid en el verano de 2024, Kylian Mbappé ha mantenido registros de élite mundial. En sus 100 partidos con la camiseta blanca ha firmado 85 goles y 11 asistencias. Esta temporada 41 tantos –marca cada 84 minutos– y 6 pases de gol 43 comparecencias, números que le sitúan como máximo artillero de LaLiga (24) y de la Champions League (15).
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Las cifras refuerzan la acometida de un fichaje que recaló en el vestuario como pilar para la construcción de un proyecto deportivo de éxito. Es el jugador más determinante del Real Madrid en términos de producción ofensiva. No obstante, estos números conviven con una dolorosa realidad: desde su presentación el equipo no ha levantado ningún gran título. Una Supercopa de Europa y una Copa Intercontinental son todos sus logros, y saben a poco en un club como el Madrid, candidato obligado a todo lo que disputa.
El Madrid logra más puntos sin Mbappé que con él
Es decir, paradójicamente las estadísticas de élite chocan con los pobres resultados colectivos. Esta temporada, por ejemplo, Mbappé ha estado ausente en 12 partidos, lo que significa el 23% de los encuentros disputados por el Madrid. Con el francés sobre el terreno de juego, el equipo ha logrado una media de 2,2 puntos por choque y sin su presencia el botín ha ascendido a 2,5. La explicación para algunos es muy sencilla: sin Mbappé, que ha firmado el 37,2% de los goles de toda la plantilla, el equipo adquiere dimensión como colectivo, lo que repercute de manera positiva en su rendimiento, en lugar de focalizarse en las individualidades del galo, que eclipsan a los compañeros.
Sus envidiables registros también cohabitan con unas sensaciones que crecen en el entorno madridista como una plaga: son las dudas sobre el compromiso e implicación del futbolista. El Centro Internacional de Estudios Deportivos (CIES) analizó los datos de 46 ligas del planeta para llegar a la conclusión de que Mbappé, a sus 27 años, es el quinto jugador que menos distancia recorre cuando su equipo no está en posesión del balón en relación a sus compañeros. Solo le superan Leo Messi (38 años), Artem Dzyuba (37), Cristiano Ronaldo (41) y Sebastián Villa (29). Este dato desde luego cuestiona el sacrificio del francés en labores defensivas.
En cualquier caso, la misión de Mbappé es anotar por encima de todo. Y lo hace. Pero desde que se mudó a Madrid diferentes acontecimientos asociados a su actitud han ido construyendo y reforzando un relato incómodo alrededor del francés, que ahora vive en el ojo del huracán.
Un líder que no aparece
Para comenzar, se buscaba en el él a un líder, un gobernador que ejerciera de estímulo en el vestuario. Pero los medios afines al club blanco han venido alimentando la idea de que Mbappé vive el día a día en la entidad blanca con un grado de independencia poco habitual incluso para una superestrella. Sus inicios fueron extraños. Se habló de que era alguien timorato, de que prefería adoptar un perfil bajo para entrar con buen pie en el vestuario. El caso es que a día de hoy no transmite ser ese jerarca que se echa el equipo a las espaldas. Al contrario, muchos perciben que hace la guerra por su cuenta ofreciendo síntomas de estar alejado emocionalmente del vestuario.
Los últimos episodios se han vivido recientemente. Son pequeñas gestos que han ido cimentando esa percepción de pasotismo, de vivir ajeno a la realidad del club. En una época de hiperexposición, cualquier gesto ofrece diferentes lecturas. Mbappé fue captado en Valdebebas en su vehículo riéndose a carcajadas el mismo día en que estalló una grave crisis interna en el vestuario por el suceso ocurrido entre Valverde y Tchouaméni. Las risas fueron igualmente captadas un día después.
El viaje a Cerdeña, el inicio de varios sucesos
Además, el contexto era delicado a título personal, ya que días antes fue visto disfrutando de unos días de vacaciones en Cerdeña mientras estaba inmerso en un proceso de recuperación de una lesión, algo que no sentó nada bien en un sector del madridismo, y en plena crisis institucional y deportiva. “Parte de las críticas se basan en una interpretación exagerada de aspectos relacionados con un periodo de recuperación estrictamente supervisado por el club… Esto no se corresponde con la realidad del compromiso y el trabajo que Kylian realiza a diario por el bien del equipo”. Fue el mensaje enviado por el entorno del futbolista a la agencia AFP. El jugador optó por los emisarios en lugar de protagonizar el discurso.
La baja de última hora en el Clásico por un nuevo problema físico fue interpretada por algunos como una nueva deserción el día que el club se jugaba perder el título de liga. Durante el desarrollo del partido contra el Barcelona, cuando el Madrid ya perdía por 2-0, Mbappé publicó en las redes sociales una foto con la imagen de un televisor, con el partido sintonizado, y el mensaje: “¡Hala Madrid!”. Causó indignación. Fue tildado de frívolo, de inoportuno y falto de empatía. No estaba en sintonía con las tensiones internas. Hubo un detalle técnico que también apreciado. Estaba visionando el partido a través de la señal de Bein Sports, que no opera en España. ¿Había vuelto a aprovechar una baja para salir de España? ¿Volvía a distanciarse en otros delicado momento? Fue la duda. En una ocasión anterior también viajó por ocio a París en el marco de una ausencia por lesión.
Tras la conquista del título liguero del Barça, el lunes Mbappé quiso dar muestras de su implicación colgando una foto vestido de corto en Valdebebas, coincidiendo con el día de descanso de la plantilla. Por supuesto, el delantero eligió aparecer sonriendo en la imagen, justo el día después de que su equipo perdiera cualquier esperanza de ser campeón de liga. Hace tiempo que Mbappé viene siendo leído en clave simbólica en lugar de deportiva. Mbappé actúa como ajeno a la cruda realidad actual, sin mediar ante los problemas del equipo, sin lanzar mensajes de unidad. Parece estar al margen.
Brazos en jarra
No todo nace fuera del césped. Sobre el terreno de juego ha sido común el gesto de brazos en jarra tras pérdidas de balón del equipo, las pocas ayudas defensivas o las reacciones cuando no recibe el balón. Desde el club se defiende que son comportamientos propios de alguien con un enorme gen competitivo, pero a ojos de otros son actitudes que muestran desapego hacia el esfuerzo colectivo.
Mbappé no fue un fichaje más; llegó como el heredero del liderazgo del club. Ese calado es el principal argumento del conflicto. Sus números responden a su figura, pero el club no solo fichó goles, sino a un símbolo que no se está correspondiendo con la imagen deseada. Ahí nace el debate que gira en torno a Mbappé, cada día más cuestionado. Y parece que solo los títulos acallarán las sospechas. De momento, sus goles no emocionan.
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