La tradición cuenta que el G. P. Ciudad de Eibar pertenece al Laboral Kutxa-Euskadi. Es una costumbre asentada. Territorio morado.

El linaje victorioso del equipo vasco lo elevó esta vez al trono Usoa Ostolaza, que encontró la redención después de que el pasado curso una caída en el descenso de Izua cuando rodaba en solitario camino del triunfo le apartara de la alegría. Dulce venganza.

“Tenía una espina clavada tras la caída del año pasado cuando rodaba en solitaria a falta de 4 kilómetros. Me dio mucha pena no poder rematar entonces, pero hoy me he resarcido", dijo Ostolaza con el bienestar abrazándole tras la victoria.

Un almanaque después, sin la lluvia de aquel día, sin la pena que resbaló por el asfalto, con el sol alumbrando a la zarauztarra, no hubo rastro de la frustración y la rabia, solo de festejos, sonrisas y algarabía.

“Estoy muy contenta por esta victoria; ganar en casa siempre es especial”, descubrió la zarauztarra. Desatada en la subida a Izua, con el eco de su nombre resonando en las cuneta adheridas a su piel y su espíritu, Ostolaza anidó en Eibar tras volar por una de las cumbres icónicas del ciclismo vasco.

Dominante Laboral Kutxa-Euskadi

La dinastía continúa intacta. Se coronó la zarauztarra en una clásica que es parte del corpus de la formación vasca, la más poderosa e intimidante.

En una carrera –108,5 kilómetros con los altos de Itziar (3ª, km 23,9), Meagas (3ª, km 38,7), San Miguel (2ª, km 85,9) e Izua (1ª, km 102)–, que es una prolongación de los éxitos del Laboral Kutxa-Euskadi, se anotó la 13ª victoria de una opulenta campaña.

Se destacó Ostolaza, la ciclista de más jerarquía, en la agitada ascensión a Izua, la montaña que abría las compuestas para un descenso que caída sobre la ciudad armera.

Se disparó Ostolaza en las rampas del puerto para festeja su primer logro del curso. Ostolaza saludó el triunfo en solitario. Sin sombra. Tuvo tiempo para la coreografía de la alegría, para la danza de la victoria.

Maite Urteaga, segunda

Si Ostolaza mostró su jerarquía, Maite Urteaga, segunda, a 14 segundos de la campeona, evidenció su empuje, su capacidad competitiva y su candidatura a más alto rango en el futuro próximo.

Componente el Eulen-Amenabar, parece inevitable que la ciclista recale en el Laboral Kutxa-Euskadi, la nave nodriza del ciclismo vasco.

Ostolaza es su mejor representante. La más sólida. Después de ejercer el control de la clásica a través de los tentáculos de sus compañeras, presentes en todo los frentes, Ostolaza se destapó en el lugar exacto.

La ascensión a Izua, de 6,3 km al 6,4%, a seis kilómetros y medio de la llegada, era el nudo gordiano de la clásica. Hubo varios movimientos hasta que irrumpió la figura de Ostolaza.

Era el trampolín para la zarauztarra, que surfeó el descenso con aplomo, alejada de la angustia del año pasado, y abrió el palmarés de la campaña. Su octava victoria profesional. Ostolaza se redime en Eibar.