Desde que empezó a dar sus primeros pasos en el deporte, Iván Segura Escobar ha demostrado que la pasión y la disciplina no entienden de obstáculos.
Granadino de 20 años, compite en la categoría SH6 (Standing Short Stature), destinada a atletas de talla baja que juegan de pie, y padece acondroplasia, una condición genética que afecta su crecimiento óseo desde nacimiento.
Aunque su estatura ronda los 1,40 metros, su talento y constancia lo han convertido en una referencia del parabádminton español y estos días es uno de los principales reclamos del Torneo Internacional que se celebra en Aranalde. Actualmente, ocupa el noveno puesto del mundo en su categoría.
Su padre le animó a probar una actividad que le hiciera sentirse realizado. “Buscábamos un deporte donde pudiera competir sin sentirme en desventaja. Desde que probé el bádminton, no he parado de crecer”, recuerda Iván con una sonrisa que refleja serenidad.
“Vimos que a lo mejor algunos deportes eran más complicados como el fútbol, baloncesto e incluso la natación. Mi nivel era inferior para ellos. Entonces fuimos a ver un campeonato y nos gustó el ambiente”, añade el granadino.
Lo que empezó como una búsqueda de inclusión se transformó en vocación. Apenas dos años después de su primer campeonato, debutó internacionalmente en Irlanda. “Fui simplemente a ver lo que era el parabádminton. Fue una experiencia muy chula, donde pude conocer a muchas personas con las que me llevo hoy en día”, comenta.
Iván describe su personalidad fuera de la pista: “Soy un chico sencillo, responsable, un poco enfocado en los estudios y en el bádminton, que le gusta disfrutar de los distintos aspectos y contextos que tiene. Procuro no olvidar de dónde vengo. La competitividad y la responsabilidad han crecido, pero siempre me mantengo en los valores que me enseñaron mis padres”, desvela.
Superación diaria
Su trayectoria internacional ya cuenta con éxitos destacables: tres medallas de bronce en el Europeo de Estambul, victorias en Indonesia y un triunfo en Baréin frente al indio Suresh Kumar.
“La verdad que fue un partidazo y lo disfruté mucho junto a mis compañeros animando desde la grada”, recuerda.
También rememora su primera victoria significativa en España: “Me metí en cuartos de final contra un francés en Cartagena, y ese fue un momento donde dije ‘estoy más cerca del reto y estoy evolucionando’ ”.
Su gran meta son los Juegos Paralímpicos, un sueño que refleja ambición y constancia. Su nivel se compara con el de grandes figuras como Carolina Marín, mostrando que tanto el talento como la preparación marcan la diferencia
A la hora de gestionar la presión, Iván mantiene la calma. “Al fin y al cabo lo que intento es divertirme, pasármelo bien dentro de la pista y aplicar todo lo que entreno. Evito sentirme presionado porque no es algo positivo”, explica a la vez que añade que el apoyo de su madre, psicóloga de profesión, ha sido clave. “Me ha ayudado mucho a mantener la calma dentro de la tormenta”, confiesa.
Su gran meta son los Juegos Paralímpicos, un sueño que refleja ambición y constancia. Su nivel se compara con el de grandes figuras como Carolina Marín, mostrando que tanto el talento como la preparación marcan la diferencia.
Fuera de la pista, Iván combina estudios con entrenamientos y viajes. “Cada día es un desafío, pero también una oportunidad para mejorar y superarme”, asegura.
Su enfoque hacia la discapacidad es claro: “La gente me pregunta si ha sido duro ser distinto, pero yo crecí jugando con todos y aprendiendo que mis capacidades no están limitadas por mi talla. El bádminton me permitió demostrarlo”, recalca un deportista a quien su altura no limita su ambición ni su disfrute del deporte.
"La gente me pregunta si ha sido duro ser distinto, pero yo crecí jugando con todos y aprendiendo que mis capacidades no están limitadas por mi talla. El bádminton me permitió demostrarlo"
La familia se ha convertido en un pilar fundamental. “Siempre han estado ahí, apoyándome en todo. Al final, todo lo que soy viene un poco de ellos”, reconoce Iván, mencionando a sus padres y su abuela, quienes le han transmitido constancia, humildad y resiliencia.
Pasión compartida
En dobles, Iván encuentra un espacio donde la cooperación y la conexión con su compañero multiplican la emoción del juego. “Tienes a alguien a tu lado que te apoya en cada momento y tú estás para animarle. Es especial y divertido”, resalta el jugador nacido en Gójar.
Iván Segura no solo juega al bádminton: inspira y demuestra que la discapacidad no limita los sueños ni el talento. Su historia es un ejemplo de que la pasión, la disciplina y la constancia pueden transformar cualquier reto en oportunidad.
Para quienes quieren probar, el parabádmintonista tiene un consejo claro: “Que no se lo piensen dos veces. Siempre es buen momento para empezar. Hay muchos clubes en toda España que están dispuestos a recibir a cualquier persona”.
Y en Vitoria-Gasteiz, donde se siente “como en casa”, la competición internacional no solo será una prueba de talento, sino también de ilusión, esfuerzo y valores compartidos en cada punto del parabádminton.