La llegada a Bir Jaydah Mountain Wirkah se antoja una recta sin final, una agonía sobre asfalto recién incorporado al paisaje y el espacio suficiente para convertirlo en una pista de despegue. Jan Christen imaginaba que el punto de fuga, que se intuía en la garganta de las montañas no era un acuerdo con el infinito ni un entente con la supervivencia.
Que eso que veía estaba más cerca, que la alegría eran los chasquidos de sus pedales. Cuando restaban mil metros se lanzó con la ilusión entre el grupo que boqueaba en el primer final en alto de la AlUla Tour.
No estaba en esa escena Jonathan Milan, un ciclistas nacido para esprintar, no para padecer en las fauces de las montañas, que exigen mártires y sacrificios. Christen se agitó, pero a su descorche, que él creía achampanado, le faltó fuerza. Su espuma fue la de la gaseosa.
Eulálio, Higuita, Voisard, e Igor Arrieta, su compañero, a modo de secante, llegaron a la fantasía de Christen, cuando a la recta, interminable, desmoralizante, en un paisaje árido e inhóspito, mitad Marte, mitad desierto, todo distópico, aún le restaban 500 metros de engaño, de burlón sufrimiento.
El suizo padecía, crucificado en una montaña que jugaba con la perspectiva, que se alejaba con cada mirada. El quinteto se arrulló durante un momento, quemados los pulmones, arenosos, las bocas tratando de encontrar onzas de oxígeno para soportar la tortura. Higuita pellizcó. Un jirón de piel que despellejó a Christen y Arrieta, pendiente de su líder.
El vals del dolor convocó a Voisard, Eulálio e Higuita. El colombiano, de regreso a mejores días, después de un tiempo lejos de los que se presuponía, trataba de avanzar. Sintió el síndrome Christen. La montaña se le escurría en la mirada. Estaba ahí, pero aquí era allí. Un desconsuelo para Higuita.
Voisard, suizo como Christen, peso ligero, apenas un colibrí de 56 kilos, aleteó con energía en medio del trance y descontó a Eulálio e Higuita. Midió mejor que nadie. Como un experto relojero. El engranaje exacto de la victoria estaba en la espera, en la paciencia.
Más preciso que el resto, a modo del tourbillon de los relojes de alta gama. A 75 metros, Voisard, al que patrocina la marca relojera Tudor, elevó la apuesta. El tic-tac de sus pedaladas le elevó al liderato y lanzó un puñado de arena sobre Christen, suizo, pero con el reloj desajustado. Voisar, precisión suiza.