Ayuso se redimeEfe
Orgullo y pasión. Puerta grande o enfermería. El amor propio alimentó a Juan Ayuso, apenas unas migas en Pal, un festín para los sentidos en el Port del Cantó, donde se desabrochó hasta reivindicarse en Cerler. El alicantino es un ciclista ciclotímico, lo mismo en la cumbre, glorioso, que en el sótano, deprimente.
Oscila Ayuso, un ciclista a dos tintas: blanco o negro. Sin escala de grises, sin tránsito, tal vez reo de su propio personaje. Disruptivo.
Se rompió la camisa el alicantino para creer en sí mismo después de su apagón la víspera. La oscuridad, la sombra y el frío, fue un calor, brillo y luz en su arrebato. La pulsión del superviviente.
Ayuso se agitó con rabia, la ira y el fuego en cada pedalada, para revertir el destino en una misión suicida que le lanzó a una victoria formidable. En el cielo de Cerler, encontró la redención.
Enterrado, se recuperó milagrosamente. De regreso a la vida. Lázaro, levántate y anda. "Ha sido una de mis mejores victorias. La recordaré siempre. Creo que hemos visto al verdadero Juan Ayuso. Es una de mis mejores victorias, por lo difícil que fue”, dijo Ayuso.
Encontró la paz Ayuso en Cerler, donde se encumbró tras una cabalgada formidable en la que ofreció su mejor versión.
El alicantino, que tuvo tiempo para pensar en cómo llegar a meta, celebró la conquista tapándose los oídos, a modo de protesta por las críticas recibidas por su rendimiento la víspera. Esa fue su fotografía en meta.
Sobró el gesto de Ayuso, reo de su propio personaje, del crepitar de su ego. Una locura maravillosa la suya que le elevó a los altares y a la tercera celebración consecutiva del UAE. De fiesta en fiesta.
Juan Ayuso, durante la ascensión.
Fue el mejor de la fuga Ayuso, que él mismo promovió desde que amaneció la segunda jornada pirenaica, sin efecto entre los mejores, que danzaron un vals inocuo sin perder el paso, serenod, lánguidod.
Una buena noticia para Torstein Træen, que sigue de rojo mientras Vingegaard, Almeida y Ciccone retrataron su conformismo con una paleta de colores pastel. No hubo colmillos en Cerler, solo dientes de leche.
Mikel Landa, deshilachado, perdió un minuto respecto a los nobles en una subida sin misterio, edulcorada, que vació por completo al escalador de Murgia. Landa tuvo que tumbarse en el asfalto para recuperar el aliento tras padecer un calvario.
Mikel Landa trata de recuperar el aliento en el suelo tras la etapa.
La amargura de Pal, la combatió Ayuso desde el comienzo. Quería limpiar su reputación, rehabilitar su honor. Lo hizo con una exhibición antológica. Solo al alcance de los elegidos. A su rebeldía, al coraje, se le sumaron un buen puñado de piernas amigas en una odisea de 170 kilómetros.
Vine, vencedor en Pal, compañero del alicantino, Pedersen, Nicolau, Frigo, García Pierna, Vermaerke… se alistaron a la aventura agarrados al petate de la esperanza a través de las montañas.
La bandada de pájaros libres tomó vuelo y altura guiados por la ambición de Ayuso, un poco como El Lute, camina o revienta. Con esa misión, la fuga también dejó atrás la Creu de Perves.
Træen sigue en el liderato
Torstein Træen, de estreno, luciendo el liderato, dispuso al Bahrain a gestionar el ritmo de caza para que los huidos tampoco se desataran demasiado. En el Coll de l’Espina se mantuvo el mismo patrón, aunque el pulso de la fuga era menor.
Torstein Træen, líder de la carrera.
Vingegaard observaba las escena contemplativo, a la espera. “El último puerto es un poco raro. Creo que veremos lo que otros equipos quieres hacer, y tomaremos una decisión en base a eso”.
Ahorrador, lejos de los dispendios y los derroches, su plan era reaccionar cuando se produjera el primer disparo. Adaptarse en lugar de fijar las reglas del juego.
Vingegaard encaró equidistante la subida final a Cerler, una ascensión rara, según catalogó que no daba para mucho y que no le estimuló.
Acompañaba el paisaje, verde, las montañas fabulosas y robustas de los Pirineos, donde sentirse tan pequeño sobrecoge.
Abrumador el peso de las moles altivas que determinan la escala ínfima de los seres humanos que las veneran y las sufren, que las codician y las padecen.
Ayuso, lapidado en Pal, mutó para ganarse el cielo tras su caída a los infiernos. Se encorajinó en Cerler en una Vuelta que es un banco de pruebas para el Mundial.
El eco del disparo del alicantino en el puerto de cierre implicó mínimamente al Visma, cauteloso, sin alardear.
Vuelta a España
Séptima etapa
1. Juan Ayuso (UAE) 4h49:41
2. Marco Frigo (IPT) a 1:15
3. Raúl García Pierna (Arkéa) a 1:21
4. Harold Tejada (Astana) a 1:28
5. Sean Quinn (Education First) m.t.
6. Kevin Vermaerke (Picnic) m.t.
7. Eduardo Sepúlveda (Lotto) m.t.
28. Mikel Landa (Soudal) a 3:37
121. Markel Beloki (Education First) a 18:29
147. Xabier Mikel Azparren (Q 36.5) a 20:47
General
1. Torstein Træen (Bahrain) 25h18:02
2. Jonas Vingegaard (Visma) a 2:33
3. Joao Almeida (UAE) a 2:41
4. Giulio Ciccone (Lidl) a 2:42
5. Lorenzo Fortunato (Astana) a 2:47
6. Matteo Jorgenson (Visma) a 2:49
7. Jai Hindley (Red Bull) a 2:43
22. Mikel Landa (Soudal) a 4:59
46. Markel Beloki (Education First) a 20:47
170. Xabier Mikel Azparren (Q 36.5) a 1h15:34
Vingegaard, calmado
Los porteadores de Vingegaard fijaron la cordada de la que se desprendió Mikel Landa, desajustado, con el punto de forma escaso en la Vuelta después de una campaña marcada por la caída del Giro que le destempló. Asegurado el éxito de Ayuso, Soler empujó por detrás para resquebrajar el grupo de los favoritos.
Almeida se posó a su espalda. Vingegaard tocaba el hombro del luso. Los nobles, enfilados, continuaban juntos, al compás, hasta que Almeida se afiló y desenfundó.
Respondió en un acto reflejo el danés, calculador. Ciccone parpadeó de inmediato. La agitación apenas tuvo el recorrido del descorche burbujeante de una gaseosa sin fuerza.
Por eso parajes, hace dos décadas, transitó el triunfo de Roberto Laiseka en Cerler. Era su tercera corona de laurel en la carrera.
El vizcaino, embrionario en Abantos, 1999, también se citó con la felicidad en Arcalís, 2000, y cerró el tríptico de sus victorias y dichas con el Euskaltel-Euskadi en la Vuelta de 2005 en Cerler.
Veinte años después el alicantino recogió el testigo de Laiseka. Se encontró a sí mismo. Reconocible su reflejo frente al espejo dorado de la victoria. Ayuso se redime.