Cuestión de pelotas

Corto y meteórico

Xabi Etxaburu / Paletista

21.02.2020 | 01:16
Xabier Etxaburu (d) junto a Iker Gereñu sosteniendo una ikurriña tras un campeonato.

El ondarrutarra ha disputado cuatro Provinciales, ha llegado

es un hombre tranquilo que aceptó con naturalidad, sin problemas ni objeciones, sin vergüenza y sin preguntas, el reto de aparecer por aquí. Otros, con mucho y poco bagaje, aparentaban modestia –falsa quizá y sentida casi siempre–, ninguna ambición por salir en los papeles o pocas ganas de mostrarse en público, abrirse –ligeramente– en una página del DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA que habla de pelota cada semana en los últimos años. Xabi sonrió ante la oferta y, naturalmente, dijo sí y "ya me llamarás". Un rato de teléfono y cita. Tres cuartos de hora de conversación para resumirla y un ligero rastreo entre las fotos del último Provincial en pared izquierda para ilustrar el relato. Fácil. Seis, siete años a tope y la primera y única txapela de su vida. Un torneo "en el que no estaban Arroniz, ni Gereta, ni Dani, el chaval de Julián? sin esos hubiera sido todo muy distinto".

Seis años atrás empezó a jugar, de cuando en cuando, en el frontón chico de Ariznabarra, junto al Centro Cívico, en el límite con Zabalgana. Luego cogió velocidad de crucero y hasta hoy. "Xabi tiene juego", me dice Julián González, de Errekaleor, presidente del club y habitual del descubierto del barrio de Ariznabarra junto a gentes de edad diversa, los mayores y los otros, los que aprovechan las mañanas buenas de invierno para jugar al raso, entre los que nuestro protagonista fue haciéndose sitio. Y suma virtudes: "le pega fuerte, tiene una derecha potente y un revés más que aparente. Tiene nivel". Le encontró el sitio para entrenar el cuñado, Iñaki Crespo, hermano de Txemi Crespo, hijos ambos de Miguel. Pelotaris. De Lantziego. "Vete a Ariznabarra, ahí hay gente que juega a pala", le dijo. Y allá que fue. Empezó con los mayores y acabó con los hermanos Garro, Bingen e Ibon, Arroniz, Gereñu? Aprendió el oficio y se fue haciendo con los trucos "que empleaban los buenos en la cancha". Perdió la vergüenza y se hizo un hueco. Subió el nivel y mejoró el revés. Sin zurda –"empecé a jugar de revés y con dos manos porque de pequeño no podía con la pala" tuvo que esforzarse y entrenar mucho para que el revés a dos manos fuera lo suficientemente bueno como para jugar con los mejores.

Xabier Etxaburu Caeiro nació en Ondarroa en el mes de octubre de 1972. La familia no era aficionada a la pelota. Ondarroa no tenía un frontón "en condiciones para jugar", se disculpa. Había uno descubierto en el que coincidían los pocos chavales que vivían cerca. Tampoco había un club que mirara por y para la pelota. El padre, Francisco Javier, se pasaba media vida en el mar y la madre, Cristina, de ascendencia gallega, ni tenía tiempo ni llevaba dentro la pelota, aunque "teníamos la costumbre de frecuentar el frontón de Markina para ver a los profesionales de cuando era niño". El apego a la pelota le llegaría con los veranos en Lantziego, donde la familia Etxaburu alquilaba una casa todos los veranos "desde que tenía seis o siete años". La casa, pegada a la pared del frontón, por detrás del frontis, le acercó a éste. El balcón y el tejado recogían todo tipo de pelotas que se perdían por encima de la pared. "Con unas cuantas me quedaba yo cada verano", dice, y "con ellas aprendí". En época estival prefería la pelota mano –"casi siempre de las duras"– y en Ondarroa la paleta. Así que la mano no se le terminó de hacer, sufría más de la cuenta y se decantó por la herramienta. La cuadrilla de Ondarroa, Andoni, Ibon y Unai Zenarruzabeitia, entre otros, "nos decantábamos por los frontones cubiertos de Berriatua y Markina, públicos y gratis", antes que el descubierto del pueblo. Así, transcurrieron infancia y juventud. Entre el fútbol sala, un año de baloncesto para probar –"el más alto de nuestro equipo, un tal Gurutz Etxaniz, era más bajito que cualquiera de los jugadores de los otrosequipos"– y otro poco de pelota, sobre todo en Lantziego, donde coincidía con el que luego sería su cuñado, Iñaki Crespo. Casi de su misma edad. "Siempre fui un tirillas", me cuenta, "hasta que eché cuerpo trabajando en el puerto cargando cajas de pescado".

Cuando cumplió los 27 se vino a Vitoria. "Vine para tres meses y llevo 21 años aquí". La capital le pillaba algo más cerca de Lantziego, donde vivían Maite y sus padres. Maite era la chavala que le gustaba, con la que luego se casó y tuvieron a Haizea, de 13 años. La hermana de Maite se casó con Iñaki, el "cuñado" desde entonces, y juntos empezaron en el frontón de Errekaleor y casi en el trabajo. Uno en Mercedes y el otro en DHL, "donde empecé y aún sigo", en temas de logística para la misma empresa de automoción. El siguiente paso, recomendado, ya dije, le acercó a Ariznabarra, "donde fui haciendo grupo empezando desde abajo, con los mayores y perfil bajo".

Se estrenó en la competición con Iker Gereñu en Basauri, en Primera, "solo ganamos un partido". Repitió con Ibon Garro, con el que "había entrenadopoco". Y se juntó con Viribay para competir la tercera vez y llegaron a la semifinal de Primera. Gereñu ganó la categoría con un chaval de Gipuzkoa de zaguero.

No lleva ni un lustro federado, ha disputado cuatro Provinciales, dos semifinales y este año ha ganado la txapela. "Pero faltaban los buenos", reitera. Gereñu tuvo que apretarle para vestirle de blanco. "Lo pasa mal", me cuenta, "tuvimos que engañarle para que superara los miedos y se viera capaz". Este año, además, tuvo que superar la presión de jugar contra quien había ganado durante muchos años. "Ha sufrido mucho, le he metido mucha caña", reconoce su compañero. Además ha tenido que jugar con pelota amarilla, muy rápida por abajo, aunque "él prefiere la pelota tosca, la motela".

Xabi es un tipo noble, tímido y algo frágil. Acostumbrado a jugar solo y a perder en sus duelos contra la pared en los mano a mano. Ha sido de moral quebradiza. De ahí que este año como casi un recién llegado y con un buen compañero al lado ha conseguido la txapela. Sin duda un triunfo meteórico que sabe mejor y que se disfruta el doble. La txapela la tiene en un marco como un tesoro, aunque dice que su mayor éxito es su hija Haizea. "Es un aita enorme", termina Gereñu, padre hace poco de Liher. Aquí, él es el alumno y el que tiene que aguantar la presión. Xabi, por su parte, tiene un máster en estas lindes.