Un lugar para almancenar un líquido que hace mucho tiempo que no se encuentra entre sus paredes. Un espacio ahora para el arte donde se presentan una serie de esculturas realizadas, en parte, con textil impermeable, resistente a esa agua que no está. En ese juego se mueve la propuesta que Karlos Martínez Bordoy realiza en Montehermoso, una exposición que también supone su regreso a una capital alavesa en la que residió unos cuantos años.
Es Silver Ships el título de esta propuesta, que se presenta hasta el 6 de abril en el centro cultural de lo alto de la colina tras ser su autor uno de los cuatro seleccionados por el Ayuntamiento de Vitoria dentro de la convocatoria anual de apoyo a proyectos artísticos que realiza Montehermoso. Siguiendo esta línea, a lo largo de los próximos meses también expondrán sus trabajos Ane Berganza Santamaría, Mawatres y Jone Elorriaga Soto.
La importancia del espacio
Cuando Martínez Bordoy fue seleccionado, eso sí, su idea tenía otro título y partía de la base de establecer una intervención escultórica que reinventara la relación entre arte y arquitectura mediante estructuras de lona de camión. Parte de esos principios se mantienen, pero otra han cambiado al pensar en hacer una intervención específica en el antigo Depósito. Él, de sus años de residencia en Vitoria, ya conocía el espacio, pero siempre con actividad. Por eso pidió estar en él cuando no hubiera nada y fue ahí cuando sus particulares barcos de plata empezaron a nacer.
En esa relación entre creación artísitica y elementos arquitectónicos aparece un tercer factor, el que tiene que ver con aquello que pierde su función original, pero eso no significa que deje de existir. Es el caso del propio Depósito. No sirve, además desde hace mucho tiempo, para el propósito para el que fue creado. En su interior no hay agua que almacenar y distribuir. Pero eso no quiere decir que ya no exista. Todo lo contrario.
Esa idea también está en el uso de materiales que el artista hace a la hora de crear los tres conjuntos escultóricos que componen la muestra. Se utiliza metal pero también un textil resistente al agua, es decir, a aquel elemento que era protagonista en el Depósito y que ya no está. De esa forma se establece una singular relación entre las piezas, el lugar en el que se exponen y el público que acuda a verlas.
"Respiración contenida"
Como explica el propio autor, "en Silver Ships, la materia parece sostenerse en una respiración contenida. Estructura y superficie conviven en un estado de fricción constante, sin jerarquías claras ni función a la que volver. El tejido técnico —pensado para proteger, aislar y resistir la intemperie— pierde su finalidad original al desplazarse al interior del Depósito, mientras que la arquitectura del antiguo Depósito de Aguas comparte esa misma condición de pérdida".
La exposición en Montehermoso no plantea un orden lineal, "sino un conjunto de sistemas relacionados donde cada escultura funciona como una variación dentro de un mismo campo de fuerzas. El metal y el tejido se alternan entre dirigir, interrumpir o desviar la forma, que surge en un intercambio inestable". Las piezas se agrupan en tres tipologías: apoyadas en el suelo, vinculadas a las columnas o suspendidas, manteniendo siempre la tensión y la energía activas. "La superficie plateada y su reverso oscuro actúan como dispositivo estructural: la piel tensiona, interior y exterior se confunden, y la forma se hace visible donde el control se interrumpe", apunta el creador, al tiempo que define que "cada obra sostiene su propia lógica y sigue actuando bajo la presión que la sostiene".