Recién llegado de Valencia, tras tomar parte en las Jornadas sobre Inclusión Social y Educación en las Artes Escénicas y la Música organizadas por el Ministerio de Cultura a través del INAEM, Luis Orduña retoma la batuta de la centenaria Banda Municipal de Música de Gasteiz, cuya agenda, tanto a corto como a medio y largo plazo, está llena de citas y retos.

A principios de esta semana, la Federación de Bandas de Navarra hablaba de “una crisis de cultura popular” tras la pandemia, una idea que responsables y directores de otras formaciones similares, sobre todo de carácter amateur, vienen repitiendo. ¿Cómo ve la situación actual?

–En nuestro caso, como banda profesional, te puedo decir que no vivimos eso. Contamos con un público muy intenso y activo, que viene a todo, incluso a las cosas que podrían parecer más alejadas de lo habitual. Nos está funcionando muy bien todo. Es verdad que los ciclos consolidados lo tienen más fácil y marchan estupendamente. Por ejemplo, para esta temporada de abono en el Teatro Principal, el pasado mes de julio batimos el récord de preventa. Igual nos está costando un poco más con las propuestas que han nacido ahora, como el ciclo que hemos realizado en octubre en Ibaiondo. El año que viene vamos a hacer cuatro conciertos en otras tantas semanas seguidas e iremos estabilizando este programa. Es que la gente responde. Desde que retomamos el camino tras el confinamiento, el público siempre ha estado ahí, incluso con lo incómodo de algunas situaciones. Yo mismo a veces he pensado que si fuera espectador no habría ido a algunas actuaciones, como cuando había que llamar a primera hora de un lunes para ir a uno de nuestros conciertos al aire libre de los viernes en el verano de 2020 y se agotaba todo en pocos minutos.

La respuesta fue evidente desde el primer momento, eso es verdad.

–Fue una asistencia que nos acompañó en ese regreso todo los días. En el Jardín Secreto del Agua, que es una de las cosas buenas que nos ha traído esta situación, este verano hemos estado poniendo más sillas cada vez porque venía más y más gente. Sí sé que las bandas amateurs han tenido problemas. Para empezar, estás hablando de grupos de personas en los que, sin remuneración ninguna, se invierte mucho tiempo, colectivos que, de repente, sufren un parón muy largo sin ensayar, lo que no es fácil de gestionar. Pero no soy consciente de que eso se esté traduciendo en desconexión con los espectadores. También te digo que hay bandas profesionales cercanas que tienen problemas de público, aunque tengan programaciones que, por lo menos a mí, me parecen interesantes.

Su entrada en la dirección de la Banda de Vitoria coincidió con la llegada de la pandemia. ¿Esta temporada 2022-2023 se la ha tomado como la primera normal, la que igual tenía que haber sido entonces y no fue posible?

–Estos dos años y medio han sido una evolución que hemos vivido a medida que las medidas han ido cambiando. Es verdad que llegué al puesto seguramente en el peor momento imaginable, pero creo que lo solventamos bien y rápido. Fuimos de los primeros colectivos en ponernos en actividad y en julio de 2020 ya estábamos dando conciertos, afortunadamente. Cuando nos mandaron a todos a casa, le dimos muchas vueltas a la cabeza sobre qué podíamos aportar a la sociedad, pero, no dejábamos de ser un grupo que se nutre de ensayar y preparar algo para el público real. Todo lo demás son cosas que se hacen con buena actitud y pocos medios, como ese momento que tuvimos todos con los vídeos desde casa y demás. No fue todo a un saco roto. Hay cosas que se hacen ahora que nacieron en ese momento. Pero en cuanto en junio de 2020 pudimos volver a ensayar, vimos que era una necesidad juntarnos para hacer música. Preparábamos los ensayos como si tuviéramos conciertos que, en realidad, no existían. Menos mal que al mes siguiente recuperamos las actuaciones. Además, cuando todo fue hacia delante, fuimos también de los primeros, pese a que tenemos pocos medios, que empezamos a dar conciertos de la temporada de abono retransmitidos online, lo que nos dio más visibilidad. Aquello fue una plataforma que replicaron después otros colectivos más importantes que nosotros.

¿Qué aprendió de todo aquello?

–Muchas cosas. Para cada uno de nosotros creo que fue algo complejo de llevar. En lo que respecta a la Banda, claro, nosotros somos un colectivo que trabaja junto todo el tiempo o casi. Hay muchas oficinas en las que se trabaja en grupo, pero solo un tiempo, después la mayor parte de las horas se desarrolla una labor individual. Aquí no. Por eso, en una situación como la que vivimos, aprendí todas las herramientas posibles para ver cómo podíamos hacer que todos fuésemos en la misma dirección, que todos quisiéramos volver a la actividad. Era necesario dar soluciones casi al momento, además esperando para ver qué decían un día en concreto sobre lo que podíamos o no hacer. Por supuesto, en ese camino tomas como director unas decisiones erróneas y otras acertadas.

Esta temporada 2022-2023 normal, ¿cómo tiene que desarrollarse?

–¿Pero qué es un año normal? Quiero decir, si me voy a la anterior temporada en el Principal, en mi cabeza aquellos conciertos eran normales: tocábamos, había público, vestíamos de traje, teníamos invitados, la gente aplaudía... Y dices que esta temporada es normal, pero seguimos sin tener programas de mano o sin hacer descanso en los conciertos, porque la idea de que pueda haber 700 personas moviéndose por una sala todavía parece que es rara. Igual acabamos como en el fútbol americano, llevándote la cerveza y el pollo frito a la butaca porque nadie se mueve (risas). Quiero decir, que no sé muy bien cuál es la diferencia. Ya la temporada pasada, a partir de un momento, pudimos tener el aforo al 100%, como estamos ahora. Lo que sí te diría, uniendo un poco con la primera pregunta, es que veo a la gente todavía con necesidad de consumo de cultura. Además, el público viene y te lo agradece. Y te encuentras casos fascinantes.

Hay sellos de la nueva dirección que son evidentes como la presencia de mujeres directoras y compositoras. ¿Qué más le gustaría hacer?

–Hay una parte que la comenté cuando accedí al puesto porque podría haber sido viable si no hubiera llegado el parón, que es la relacionada con la grabación de discos. Es verdad que hemos podido dar un paso en este sentido en este tiempo, que ha sido el proyecto con el Alavés a cuenta del centenario. Al final hicimos la grabación en pandemia y con más de cien personas. En mi cabeza estaba la idea de que aquello no iba a ocurrir nunca, pero al final salió. Fue un proyecto muy bonito que nos exigió mucho trabajo. Igual algún día puede tener un formato de disco físico, pero por lo menos tiene su versión digital, que está en Internet. Esa línea de grabaciones es necesaria y lo es porque tenemos cosas importantes que decir. Mencionabas el tema de las compositoras. Muchas de las obras que hemos interpretado en este caso han sido estrenos y deberíamos de registrarlas. Otro repertorio que es de estreno y que hicimos hace poco fue el de Aldo Forte. Quiero decir, que tenemos repertorio nuestro que no lo pueden grabar otros, que tenemos que ser nosotros. Esa es una línea importante. Otra es que estamos en un buen momento como colectivo y aún sabiendo que nuestros medios son muy limitados, estamos teniendo cierta repercusión a nivel nacional. Siento que hay gente que se fija en lo que hacemos y eso es relevante. Por tanto, creo que deberíamos ser más visibles.

¿Cómo?

–Viajando. Nos tenemos que mover, llevar nuestra actividad realmente a otros sitios. Y deberíamos hacer esto a nivel nacional e internacional. Mencionaba antes al compositor Aldo Forte. Vino a Vitoria y se quedó muy contento con lo que hicimos con su obra en el primer concierto de esta temporada. Desde ese momento, nos ha transmitido en varias ocasiones su interés en que vayamos a Chicago, al congreso de bandas más importante del mundo. Nos dice que la Banda Municipal de Música de Vitoria tiene que estar allí. Es que nos ha mandado hasta el formulario de inscripción (risas). Pero a estas dos líneas que te comentaba, hay que unir una tercera y es que no podemos descuidar lo que tenemos aquí. Hay que mejorar, de hecho. Obligatoriamente nos tenemos que abrir y ser una entidad en la que la gente piense de inmediato cuando quiere hacer cosas en el plano artístico. Esto se está haciendo pero hay que potenciarlo, y salirnos un poco del papel. Por ejemplo, para el próximo año estamos en conversaciones con Poetas en Mayo, y parece que participaremos en KaldeArte y Komedialdia. Eso también nos permite llegar al público.

¿En qué sentido?

–Hay una frase que a mí me sorprende cuando escucho a algunos directores hablar de “mi público” o “nuestro público”. Es genial tener espectadores que van a todo. Nosotros también los tenemos y hay que cuidarles. Pero el público va más allá y es muy plural. Tenemos que intentar llegar al máximo de personas posible, más allá de que habrá público que solo nos venga a ver una vez al año.

De todas formas, tanto para lo que comentaba de poder grabar discos como para la cuestión de los viajes fuera de Álava e incluso al extranjero, hay una cuestión importante que es la del dinero. La Banda, desde hace muchos años, tiene una carencia de efectivos que igual algún día se solventa, pero no parece que vaya a ser algo inmediato. Siempre se necesita más inversión, pero ¿ve factible que eso alguna vez se pueda materializar? Lo digo porque sigue habiendo programas que no se pueden afrontar por la falta de efectivos.

–Digamos que esto último lo tenemos un pelín solucionado, remendado quizá, porque sí tenemos una capacidad de contar con músicos extra puntualmente de manera más sencilla que antes. Quien nos vea en el Principal, verá una Banda de cuarenta y pico músicos, que tendría ser con lo que deberíamos contar todo el año. Es verdad que es un apaño pero nos hace poder afrontar la mayoría del repertorio. A la pregunta, lo que vemos es que las administraciones en general tienden a adelgazar. Todavía parece que nos cuesta explicar qué hacemos, nuestra utilidad y necesidad. Es curioso porque en la pandemia todo el mundo consumió cultura casi en exceso. La música, la literatura, el cine... eran fundamentales. Pero la realidad es que al salir de eso, ninguna administración ha dicho: vamos a invertir el doble porque hemos visto en la pandemia lo importante que es la cultura. No, eso no pasa. ¿Puede ser una realidad que en el futuro esta Banda tenga 50 músicos? Lo veo muy lejano. La cuestión es conseguir que esas soluciones puntuales que decía sean más habituales y frecuentes. Eso nos facilitará tener más músicos más veces y así podremos hacer el trabajo mejor y mejoraremos lo que ofrecemos al público. Cuidado, otros muchos no tienen esta posibilidad. Hay bandas profesionales en España que cuando el trombón primero se coge la baja, un trombón menos y ya está. Y eso es una realidad también en bandas muy importantes.