Suenan campanas a muerto y tras ellas llega el fundido final de la película. Detrás quedan varias vidas relatadas sin palabras, contadas a través de tumbas que, en apariencia, no expresan, no dicen. Fuera de la Sala Z, donde se proyecta el trabajo de Edurne Rubio, una serie de fotografías completan la propuesta. Hacen referencia a aquel alcalde de izquierdas que tras morir en la Primera República no pudo ser enterrado en el cementerio del pueblo porque el cura se negó; o aquellos bebés fallecidos antes de ser bautizados y que, por tanto, no podían ser sepultados como otras personas. Ellos y otros son los muertos rechazados con los que la artista llega a Artium este verano.
Desde este viernes hasta el próximo 18 de septiembre, Rubio forma parte del programa de la mencionada Sala Z, propuesta comisariada por Garbiñe Ortega en la que se investiga nuevas formas de relacionar el cine y el arte. En este caso, es la muerte pero también la vida y cómo se comporta el ser humano ante ambas el objeto de atención de una creación que tiene a diferentes puntos de Burgos como foco de atención, no en vano la autora conoce de primera mano varios de ellos desde que era una niña. “Hay unas tumbas en las que yo solía jugar” dice con una tímida sonrisa.
A lo largo de los últimos meses, Rubio ha dado forma final a un proyecto que bebe tanto de algunos de sus trabajos anteriores como de esa chispa inicial que surgió al interesarse por lo que ha pasado durante mucho tiempo con los cuerpos de quienes se suicidan o de esos bebés muertos antes de, según las costumbres religiosas, antes de ser bautizados. “Ver cómo había familias religiosas que incluso se colaban por las noches en los cementerios para darles sepultura, es algo que me interesó mucho”.
De ese hilo fue tirando y en Clamor fija su mirada en siete puntos de la provincia de Burgos, lugares donde han enterramientos que van de la Edad de Hierro hasta la Guerra Civil. No hay explicación alguna. Solo la cámara y el sonido de cada espacio, donde la vida animal, además, cobra un protagonismo singular. Ovejas, abejas, águilas o pájaros se cuelan entre la naturaleza y esos testimonios de la vida que fue y no volverá. “Entendemos, y cada vez más en nuestra sociedad, que somos frontera, que hay una separación entre la vida y la muerte, cuando en muchas sociedades actuales se sigue entendiendo que los muertos están con nosotros. Son ideas que me rondan y me interesan”.
Es más, Rubio describe que tras haber acometido esta propuesta “se han abierto muchas posibilidades de seguir profundizando” tanto en la temática como en las formas utilizadas, ya que “hasta ahora en mi trabajo siempre la palabra había tenido un peso específico y esta es la primera vez en la que no pasa así; de hecho, me intriga saber cómo se va a recibir la película cuando no se vea o se muestre con las fotos explicativas que están en Artium”. Así lo explica la autora, que en la actualidad reside en Bruselas, una creadora que suele dirigir su trayectoria entre la performance, el audiovisual y los proyectos sonoros e intervenciones en el espacio público.