- “Se puede crear en mitad de una pandemia”, sonríe Miren Larrea, aunque por si acaso el momento del estreno no llegaba, la compañía Anita Maravillas registró todo el proceso de manera audiovisual. “Por lo menos queríamos que quedase una huella” que está disponible en Internet y que es también una puesta en labor a todas esas profesiones que son necesarias para llevar a cabo un proyecto escénico, aunque la mayoría de las veces no se vean. Eso sí, Kottondarrak sí se ha podido materializar y, de hecho, este domingo llega al Principal.
En lo que va a ser la segunda cita de la programación invernal de la Red de Teatros con su ciclo familiar, la representación se producirá a partir de las 18.00 horas en un Principal que, aunque no muchas, todavía tiene entradas disponibles para encontrarse con una producción recomendada para espectadores a partir de 6 años.
A través de títeres de diferentes tamaños y técnicas, el montaje lleva a los presentes a conocer a una familia de mujeres que llega a la ciudad en busca de unas oportunidades de mejorar que no siempre se van a presentar. Tomando como referencia las luchas obreras de las mujeres de la industria textil de principios del siglo XX, “creamos un imaginario visual a través de la mirada de una familia en plena revolución industrial” para “hablar sobre la llegada de la industrialización, del éxodo a las ciudades, la dureza de la fábrica… pero también sobre el ejemplo de aquellas mujeres que entendieron que sólo juntas podrían conseguir unas vidas dignas”. De hecho, la cercanía del 8M es para Larrea, intérprete y responsable de la idea original de la pieza, una coincidencia temporal más que destacable.
“El teatro de títeres nos permite crear un imaginario, una estética y unos códigos que nos ayudan a explicar conceptos adultos al público más pequeño”. Se hace así exigiendo sirviéndose no solo del títere sino también de la música, de las canciones, entre otros elementos esenciales, aunque como explica el director de la propuesta, Iván Alonso, el trabajo básico es el que desarrollan las dos manipuladoras que están todo el rato sobre las tablas. “Desarrollan un trabajo muy técnico y detallista; es todo un reto”.
Así lo podrán comprobar quienes acudan a disfrutar de un montaje que puede tratar temáticas que a más de un adulto se le atraganten, aunque “la mirada de los espectadores más jóvenes va a entender todo a la perfección”, como viene sucediendo desde que la obra se pudo estrenar en otoño.