Parásito

(XLVII) El silencio del virus Por Jabo H. Pizarroso

Un día, un capítulo. La novela 'El silencio del virus' se escribe cada jornada en las páginas de DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA de la mano del escritor vitoriano Jabo H. Pizarroso y de las ilustraciones de Kiko Pérez. Un libro que se construye partiendo de la realidad que vivimos para llevarnos a la ficción sanadora.

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04.05.2020 | 01:35
Audiofragmento del capítulo XLVII, locutado por Jesús Cotta
Ilustración de Kiko Pérez.

Lo que Unai no sabía mientras estuvo allí dentro era que Matos respiraba en un espacio de su cuarto, en algún rincón del dormitorio que ahora solo utilizaba Jelen, mientras ella no paraba de mirarle a Unai como repitiendo con los ojos lo pactado en el descansillo: Está bien, pero date prisa.

Al oír el portazo de la casa de Gloria, Jelen le dijo a Matos que se estuviera callado, justo cuando Matos se disponía a salir.

Jelen encajó el ojo en la mirilla de su puerta. Vio a Unai. Entonces Jelen le dijo escóndete a Matos. Jelen esperó unos segundos y abrió la puerta. La dejó entornada tras de sí. Jelen y Unai se miraron. Jelen y Unai hablaron.

Unai le pidió permiso para entrar. Jelen se lo negó. Unai machacón insistía. Jelen se cruzó de brazos y le dijo vete, por favor, ya hablaremos, vete, por favor.

En un momento dado la puerta se cerró. Jelen no pudo evitarlo. Cuando volvió a Unai, descubrió que de sus manos colgaban las llaves que ahora tenía que rogarle. Jelen miraba el tambaleo de las llaves bien sujetas por la mano de Unai.

Me ahorras el cerrajero, dijo Jelen, y lanzó veloz el brazo para coger las llaves. Pero Unai fue más rápido que Jelen y retiró a tiempo la mano con las llaves.

¿A qué juegas? Preguntó Jelen.

¿A qué juegas tú? Preguntó Unai.

Llegaron a un acuerdo. Unai le daría las llaves si Jelen le permitía entrar dos minutos a la casa, solo dos, para coger un poco de ropa.

Esta bien, pero date prisa. Dijo Jelen cuando abrió la puerta con las llaves de Unai.

A Unai lo que sí que le extrañó fue ver las puertas del balcón abiertas de par en par, un balcón ni muy grande ni muy pequeño, un balcón con dos partes de antepecho que no se veían desde el dormitorio, con sitio de sobra para que ahí cupiera una persona muy pegada a la fachada, sin que nadie acertara a descubrir, desde el dormitorio, el escondite.

Ha sido una corriente de aire. Dijo Jelen cuando vio a Unai mirar hacia el balcón.

Jelen dijo eso porque no sabía dónde se había metido Javier Matos. Jelen también lo dijo porque pensó que Matos había elegido aquel lugar para ocultarse. Lo dijo para desviar la atención de Unai de las puertas abiertas del balcón.

Unai acabó por encontrar su ropa en el armario. Un par de pantalones, dos camisas, un puñado de camisetas, otro de calconcillos y otro más de calcetines. Cogió una bolsa deportiva de lo alto y la llenó. Antes de cerrar la cremallera agarró un par de zapatillas.

¿Ves? Ni dos minutos he tardado. Dijo Unai.

Jelen se retiró a un lado para dejarle pasar.

Agur. Dijo Unai en la puerta.

Jelen le miró. Jelen no dijo nada. La puerta sonó suave.

Unai se fue sin sus llaves. En la calle se dio cuenta, pero no volvió a por ellas.

Cuando Unai llegó a su casa temporal vio a Juantxu inclinado sobre la mesa del salón con una de sus manos en la frente. Encima de la mesa estaban bien recortadas las páginas de todos los capítulos ilustrados y publicados hasta ese día en el periódico de noticias de la pequeña ciudad. Unai soltó la bolsa que sonó como un petardo. Luego se sentó frente a Juantxu.

¿Qué tenemos? Preguntó Juantxu sin levantar la vista de la mesa empapelada.

Un fleco cerrado. Dijo Unai en derrota.

Existe Gloria entonces, ¿no? Preguntó Juantxu.

Sí. Ya te lo dije. No es alguien inventado. He hablado con ella. No ha dicho nada relevante. Pero existir, existe. Es una persona real. Yo ya lo sabía. Dijo Unai en hundimiento.

Bien. Vamos bien. Hay otro, el Julen, pero de ese me encargo yo. Por eso te pedí la placa. Dijo Juantxu poniendo una equis en un listado escrito en su cuaderno. Los únicos barrios cuyas iniciales no corresponden a la clave ALICE C'EST MOI son Zabalgana y Zaramaga. Aparecen en el capítulo quinto. Esta pista no es falsa. Está estudiadísima. La Z es la última letra del alfabeto. Estamos cerca del final. Por eso Matos quiere que ahora vayamos a uno de los dos lugares, pero ¿a cuál? A Zaramaga, que es donde vive Julen. Dijo pletórico Juantxu.

Unai estaba en otra.

Escucha, dijo Juantxu.

Juantxu leyo entonces una frase subrayada con amarillo fluorescente en una de las páginas de papel prensa recortadas: En uno de ellos, llamado por sus gentes, de Zaramaga, vivía Julen.

Hay algo más. Dijo Unai.

Juantxu levantó la vista hacia Unai sin despegar la palma de su mano de la frente, con un mirar acusatorio, como diciéndole con los ojos ya estamos otra vez.

Me encontré con Jelen. Dijo Unai.

Me imaginaba. Dijo Juantxu.

Fue raro. Me dejó entrar para coger ropa. Pero. Unai se detuvo.

¿Qué? Le apuró Juantxu para que siguiera.

En mi cuarto, no sé, noté la presencia de alguien. No sé. Dijo Unai.

¡Qué cabrón!, dijo Juantxu golpeando la mesa.

Algunas de las páginas saltaron durante unos segundos por efecto del palmotazo.

Matos lleva tiempo sonsacándole a tu ex lo que ha querido y más ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! ¿Le viste? Preguntó Juantxu.

No. Solo estuve dos minutos. Dijo Unai.

Jelen nos la ha pegado desde el principio. Si no te has olvidado de ella todavía, ya estás tardando. Dijo Juantxu.

Se hizo un silencio largo entre ellos.

¿Por qué no dejamos todo esto de una puta vez? No conduce a nada. Dijo Unai.

Hazme caso. Tú, hazme caso. Juantxu le marcó una petaca en el cuello que sonó a pescozón. Continuará...

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