Las misiones Apolo de la Nasa han estado repletas de avistamientos de Fenómenos Anómalos No Identificados (UAP, por sus siglas en inglés), como aparecen denominados en los documentos sobre ovnis desclasificados este viernes por el Gobierno de Estados Unidos. Entre estos documentos figuran transcripciones de audio y reportes técnicos de estas misiones que relatan, de primera mano, encuentros con elementos que escapan a cualquier explicación en las mentes más brillantes de la carrera espacial.
Los papeles que han salido a la luz exponen conversaciones entre los astronautas en las que se muestran desconcertados ante hechos que no logran comprender. Un informe secreto del Apolo 11, la misión que llevó a la humanidad a la Luna en 1969, desvela que Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins, un día después de abandonar la Tierra, se toparon con un objeto de "dimensión considerable" que los acompañaba en su travesía.
"Lo primero inusual que vimos, supongo, fue a un día de viaje o algo así cerca de la Luna. Tenía una dimensión considerable, así que le apuntamos con el monocular", confiesa Aldrin.
Tras descartar que se tratara del cohete que les propulsó hacia el satélite -Control de Misión confirmó que este se hallaba a más de 9.000 kilómetros de distancia—, los astronautas intentaron definir sin éxito lo que veían. Aldrin describe una silueta en forma de "L". Armstrong, en un intento de buscar una analogía terrenal, lo compara con una "maleta abierta", mientras que Collins habla de "cilindro hueco" en cuyas entrañas se podía mirar cuando el objeto rotaba, transformándose visualmente en un "libro abierto" al cambiar el enfoque.
"Fue realmente extraño", comenta Collins, que reconoce que no alcanzaron "una conclusión sobre qué podría haber sido, qué tan grande era o qué tan lejos estaba. Era algo que no era parte de la descarga de orina, de eso estamos bastante seguros". La naturaleza, tamaño y distancia de este objeto jamás pudo ser determinada con exactitud por los primeros hombres que pisarían luego la Luna.
Aldrin y Armstrong reportan además pequeños flashes de luz dentro de la cabina de mando. Estos destellos se colaban en su visión incluso con los ojos cerrados, generando una sensación que Aldrin describe como "bastante extraña". Armstrong teoriza que podrían ser partículas atómicas atravesando el fuselaje y sus propios nervios ópticos, fenómeno que más tarde la ciencia definiría como impacto de rayos cósmicos.
El "Cuatro de Julio" y el destello de Grimaldi
Los miembros del Apolo 17, la última misión tripulada en pisar la Luna en diciembre de 1972, también fueron testigos de anomalías. Las transcripciones de voz destapadas ahora muestran episodios sin aparente explicación científica protagonizados por el comandante Eugene A. Cernan y el piloto del módulo lunar, Harrison Schmitt.
En las primeras horas de vuelo, la tripulación reporta estar rodeada de "partículas o fragmentos muy brillantes" a la deriva. Schmitt, maravillado, compara la escena con el estallido de los fuegos artificiales del "Cuatro de Julio". Aunque lo atribuyeron en un primer momento a pintura o hielo desprendido de la nave, admitieron que esta era una "suposición descabellada".
Durante el segundo día de viaje, Cernan dice tener dificultades para dormir debido a una intensa luz que parpadea directamente entre sus ojos, como "el faro de un tren". Durante tres horas, Cernan y Schmitt observaron fenómenos giratorios y parpadeantes que, según el propio Cernan, correspondían a objetos físicos reales en la negrura del espacio, y no a meras ilusiones ópticas o impactos de radiación.
El último avistamiento desconcertante se produjo, esta vez, sobre la propia superficie lunar. En el tercer día de misión del Apolo 17, Schmitt presenció repentinos destellos de luz emanando del suelo selenita, concretamente al norte del cráter Grimaldi.