Se avecina una gran temporada astronómica, que arrancará el próximo 12 de agosto con un hito histórico: un eclipse solar que se podrá disfrutar desde Euskal Herria y que no se repetirá en 157 años. A este le seguirán, en lo que ya se ha denominado como trío de eclipses, otro eclipse total el 2 de agosto de 2027 y un eclipse anular el 26 de enero de 2028. Como ya adelanta el CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas), estos eventos empezarán cuando, durante el atardecer del miércoles 12 de agosto de 2026, tenga lugar un eclipse total de Sol cuya franja de totalidad cruzará el Estado español de Oeste a Este y pase por numerosas capitales de provincia desde A Coruña hasta Palma de Mallorca. “España está situada al final de la franja de totalidad, por lo que esta sucederá cuando el Sol se esté poniendo muy cerca del horizonte. Esto obligará a observar el eclipse desde un lugar con buena visibilidad hacia el Oeste”, recuerdan. 

Este hito será compartido por miles de personas que se lanzarán a la búsqueda de las mejores ubicaciones para ver el eclipse, si bien respetando los clásicos consejos de seguridad (no mirar directamente al evento, no utilizar filtros “caseros” y tampoco instrumentos o cámaras que no tengan los debidos sistemas de prevención) para evitar riesgos como la retinopatía solar. 

También ha llegado el momento, a apenas cuatro meses de esta cita astronómica, de desmentir algunos de los mitos más populares sobre los eclipses, que a lo largo de la historia se han ido extendiendo y han llegado a crear incluso alarma en algunos contextos. Algunos más irónicos, otros peligrosos si se siguen con demasiada convicción, existen al menos diez mitos y leyendas urbanas sobre los eclipses que se han hecho un hueco en la creencia popular.

Mujeres embarazadas

Durante largo tiempo existió la creencia de que los eclipses no eran inocuos para las mujeres embarazadas, que en el momento del evento astronómico no podían mirar al cielo pues existía el mito de que el eclipse podía dañar al bebé que estaban esperando. Por supuesto, esto no tiene base científica alguna. Este mito responde a una creencia, que a su vez también resulta ser falsa, de que durante los eclipses se emiten radiaciones dañinas. Desde la NASA señalan que, “si bien la radiación electromagnética de la corona, percibida como luz, es perfectamente segura, existe otra forma de radiación que viaja a la Tierra desde el Sol. En las profundidades del interior del Sol, donde se produce la fusión nuclear para iluminarlo, nacen partículas llamadas neutrinos, que se desplazan sin impedimentos desde el Sol hacia el espacio. También atraviesan el cuerpo sólido de la Luna durante el eclipse y, aproximadamente un segundo después, llegan a la Tierra y también la atraviesan”, en un efecto inocuo para todo el mundo, también para una madre y el bebé que espera. 

Paco Rabanne

Éramos pocos y llegó Paco Rabanne, el diseñador que, con sus profecías, podría haber desencadenado más de una crisis. Una de las más curiosas fue cuando predijo que en el año 2000 llegaría el fin del mundo. Y no, no era por el efecto 2000, sino porque estaba convencido de que París ardería después de que la estación espacial MIR cayera durante un eclipse solar. Por supuesto, nada de esto sucedió, pero algunos ya bromeaban entonces con la temida llegada del Apacocalipsis, una pequeña vuelta al temido apocalipsis.

Mal del eclipse

Un mito popular del que se habla recurrentemente es que los eclipses pueden provocar ansiedad, estrés, cambios de humor... Sin embargo, los eclipses no son eventos con propiedades mágicas. Lo que sí hay de cierto es que no son los eclipses en sí los que provocan esta sintomatología, sino que es la oscuridad repentina, esa sensación de no ver más allá, lo que puede provocar en ocasiones reacciones adversas, pero no responde a un origen astronómico sino psicológico o cultural, igual que la luna llena no provoca alteraciones en el comportamiento. Y es que, la idea de que los eclipses provocan una especie de locura colectiva o que las crisis nerviosas y los comportamientos extraños aumentan no es más que un mito que viene de muy atrás, cuando los eclipses eran concebidos como un mal presagio o incluso un castigo divino. 

Pesamos menos

Hay mitos que no estaría mal que fueran ciertos, pero eso no los convierte en reales. Existe una extraña creencia que arroja que durante el eclipse perdemos peso. Sin embargo, aunque cuando el Sol y la Luna se alinean aumenta la fuerza gravitacional sobre la Tierra, el efecto sobre nosotros es imperceptible. No perdemos, como se cree popularmente, peso durante este evento. 

Envenenados

Sí que podemos llegar a perderlo si nos creemos la siguiente teoría y dejamos de comer durante el eclipse y después. Y es que, existe una peculiar teoría que asegura que la comida y el agua se envenenan durante un eclipse solar, pero tampoco tiene base científica alguna. Se cree que es la antes mencionada radiación dañina la que afecta al estado de los alimentos pero la Nasa ya ha desmentido que los eclipses afecten a la seguridad de la comida. 

Tamaño

El tamaño en los eclipses sí importa. Es un hecho irrefutable que el Sol es notablemente más grande que la Luna, concretamente unas cuatrocientas veces más, pero hay quienes piensan que, para que la Luna sea capaz de cubrir al Sol, debe ser más grande. Esto no es más que un mito o, quizá, una ilusión óptica. Y es que, a pesar de que el Sol es unas cuatrocientas veces más grande que la Luna, también está aproximadamente unas cuatrocientas veces más lejos de la Tierra, lo que provoca esa falsa ilusión de que la Luna es más grande, pero es simple y llanamente una mera cuestión de perspectiva. Por eso, los expertos hablan de tamaño y lo diferencian del tamaño aparente, que tiene en cuenta este factor. 

Terremotos

La Luna y el Sol afectan a las mareas, pero los eclipses no tienen tanta fuerza como para influir en las placas tectónicas y, como algunas personas creen, traer consigo un aumento de los terremotos. Si bien son eventos cósmicos de carácter importante, no tienen tanto alcance. Los mayas, por ejemplo, sí asociaban la atenuación de la luz solar con signos de desastres, pero los científicos han confirmado que no, no hay una mayor frecuencia de eventos sísmicos en el transcurso de los eclipses. 

Mitos clásicos

Un pequeño repaso a los mitos clásicos sobre los eclipses nos lleva a conocer las creencias populares de una época en la que la ausencia de respuestas llevaba a encontrarlas en el misticismo y las criaturas ancestrales. En la mitología nórdica, sin ir más lejos, los eclipses se interpretaban como el momento en que los lobos Sköll y Hati devoraban parcialmente a Sól (el Sol) y Máni (la Luna). Era un temido presagio del Ragnarök, el fin de los tiempos de la mitología nórdica. Para los mayas, los eclipses traían consigo guerras, sequías y enfermedades, y para los chinos estos se interpretaban como un dragón celestial devorando al Sol y la Luna. Distintos mitos pero todos ellos con nexos en común. 

Animales

El principal nexo en común de todos estos mitos son los animales, que han protagonizado durante siglos cientos de teorías. Sí que hay, sin embargo, algo de cierto sobre los animales. Hay que protegerlos también durante los eclipses, como nos protegemos a nosotros mismos, y no son inmunes a sus efectos. Según National Geographic, sus reacciones son dispares: “mientras algunos simplemente se adaptan a su comportamiento crepuscular como si se hiciera de noche, otros no se dejan ‘engañar’ y algunos se muestran atemorizados por el fenómeno”, resumen.

Por ejemplo, las vacas que están pastando regresan a sus establos como cuando se hace de noche, los pájaros adoptan rutinas crepusculares, y los gatos y perros que están con nosotros en casa pueden llegar a reaccionar incluso con miedo. Al ser eventos muy breves, esa nocturnidad repentina se vuelve más confusa si cabe para estos animales. 

Radiografías

Teniendo todo esto en cuenta, toca desmentir uno de los mitos más peligrosos. A la hora de observar un eclipse, al fin y al cabo, no todo vale. Ni podemos mirarlo directamente ni nos basta con una radiografía, como se ha pensado durante años. Ni radiografías, ni negativos de cámaras de fotos, ni cualquier cosa que se nos pase por la cabeza que puede ser útil mientras rebuscamos en casa vale para contemplar uno de los eventos más esperados del año. La prevención es esencial si queremos evitar cualquier daño, por lo que gafas con certificación norma ISO 12312-2:2015 o un proyector estenopeico son la opción.