Ir a la Fontana di Trevi es algo obligado cuando se visita Roma. Y la leyenda dice que lanzar monedas dentro del agua hace que se cumplan ciertas supuestas buenas noticias: arrojar una te haría volver a la ciudad eterna; con dos encontrarás el amor; y con tres la cosa acabará en boda.

Tradición con nuevas normas

Una tradición que desde el pasado 2 de febrero se ha visto un tanto modificada, ya que el ayuntamiento de la capital italiana ha decidido cobrar 2 euros a los turistas por acceder durante el día (de noche sigue siendo gratuito) al monumento, con la intención de destinar ese dinero, que podría alcanzar los 6,5 millones de euros anuales (en temporada alta se han llegado a alcanzar 70.000 turistas diarios), a su conservación. Y además, sólo permite el pago de esa cantidad con tarjeta. Una vez abonada, se puede descender hasta parte frontal de la fuente para hacerse selfies o mantener la tradición de lanzar la moneda.

Claro, para poder arrojarla al agua de la Fontana di Trevi hay que llevar suelto, y mira por dónde que Katy Perry, que ha pasado unos días en Roma, llegó durante un relajado paseo nocturno hasta la fuente y se encontró con que no tenía calderilla. Y la cosa no se podía quedar así tratándose de una diva: había que hacer algo.

A falta de monedas, tarjeta

En el vídeo que ella misma ha subido a redes sociales, Perry aparece pidiendo ayuda a la gente que hay a su alrededor: “¿Alguien puede darme un centavo?”, pregunta. Al no haber respuesta decide que algo hay que tirar igualmente para atraer a la suerte. Y ahí es cuando saca de su cartera una tarjeta bancaria y la sumerge en el agua. “No tengo monedas, así que esto tendrá que servir”, bromea.

Eso sí, no la deja mucho tiempo. En cuanto ve que empieza a alejarse, la recupera rápidamente, no vaya a ser que el deseo salga demasiado caro. El momento, grabado con tono humorístico y acompañado de referencias a sus propias canciones, se ha vuelto viral en cuestión de horas.

Como suele ocurrir, las redes sociales se han dividido en dos bandos bastante previsibles: los que ven la escena como una simple broma sin mayor importancia e incluso como algo divertido y los que consideran que no es el lugar ni la forma de hacerla, tratándose de un monumento histórico de gran valor cultural.