Divorcios: cuando un chatbot es el tercero en discordia en la pareja
¿Puede considerarse una infidelidad que haya una conexión emocional con un ente creado por una inteligencia artificial?
Habrá quienes, dejándose llevar por cierto cinismo y bastante experiencia vital, lo vieron venir y simplemente se sentaron a esperar a que los puntos se unieran y los bolos fueran cayendo. Cuando la inteligencia artificial(IA) explotó y comenzó a llenar y ocuparse de muchos aspectos de nuestra vida, los chatbots fueron convirtiéndose en entes a los que acudir para resolver dudas, investigar, comentar aspectos de nuestra vida, convertirlos en consejeros, terapeutas, amigos y, finalmente, objeto de interés romántico.
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Más allá de problemas relativos a la salud mental que también se han ido sucediendo, acudir a chatbots, da igual que sean generativos, conversacionales o específicamente creados para simular experiencias románticas, puede traer consecuencias en la vida real, desde casarse con un avatar creado por un algoritmo, hasta separaciones y divorcios de la pareja real.
¿Infidelidad digital?
Infidelidades, relaciones extraconyugales y engaños han existido desde siempre. De hecho, en muchas ocasiones el debate sobre qué define una infidelidad, y su gravedad, ha ido variando a lo largo de la historia y de los cambios sociales. No era lo mismo si el adúltero era un hombre o una mujer, si la relación era física o sexual o solo de carácter emocional o imaginativo.
En la actualidad, y con los avances tecnológicos y la aparición de aplicaciones digitales con inteligencia artificial como Replika, Anima, DreamBF o WifeGPT se plantea una nueva disyuntiva: si tener una relación emocional con un ser digital, técnicamente irreal y creado por un algoritmo, puede considerarse infidelidad.
Bajando al barro, y en lo que afecta directamente a personas de carne y hueso, al tercer vértice de ese clásico triángulo, parece ser que sí. Y además se convierte en causa de separación y divorcio. Según la abogada británica especializada en divorcios Lara Jayne Davies, de la firma OLS Solicitors, se están empezando a ver “rupturas de pareja en la que una de las partes desarrolla una verdadera inversión emocional en un compañero virtual”.
Desde una perspectiva más académica y estadística, un estudio de ClarityCheck entre más de 3.000 personas, desvela que el 64% de los solteros considera que el sexting con chatbots o avatares de IA es una forma de infidelidad, mientras que el 22% lo clasifica como traición emocional. A su vez, otro estudio de DatingAdvice.com y el Instituto Kinsey reveló un porcentaje similar: el 61% de los solteros considera que enamorarse o intercambiar mensajes subidos de tono con una IA es una infidelidad.
El divorcio
Aunque hay tantos trámites de divorcio como sistemas legislativos y países, por regla general, una relación emocional o amorosa entre una persona física y un ente creado por inteligencia artificial no se considera legalmente adulterio.
Esto hace que la persona afectada no pueda alegar la infidelidad como motivo de la petición de divorcio en numerosos países o sistemas jurídicos, por lo que hay que buscar otra razón jurídica relacionada con ello. Esto no ocurre en España, donde a nivel jurídico el motivo del divorcio no importa.
De esta manera, el argumento expuesto suele definirse como “conducta irrazonable”, según explica la abogada Jayne Davies, que ocurre en el Reino Unido. Bajo esta etiqueta se agrupan conductas como el uso secreto y compulsivo de apps de relación con chatbots, la dedicación de un tiempo excesivo a estos compañeros digitales y los gastos económicos en funcionalidades o características premium destinadas a personalizar y profundizar el vínculo. Además, también incluyen la tendencia de algunos usuarios a referirse a su IA como a una pareja real, desplazando a la persona con la que comparten la vida diaria.
“Inteligencia artificial y memoria: ¿es posible recuperar recuerdos de la infancia?
Personalidad jurídica
La revista Wiredcontó el caso de una mujer de Nueva York que se encariñó de sus asistentes de inteligencia artificial, produciéndoles unos sentimientos difíciles de ignorar y que le llevaron a dejar a su pareja porque consideró que le estaba siendo infiel.
Esto plantea nuevos desafíos en lo relativo al derecho de familia, ya que queda pendiente la calificación jurídica de la IA. Así, mientras en California, en caso de divorcio, se le considera como “un tercero, no una persona”; en Ohio, se plantean iniciativas legislativas que intentan prohibir explícitamente incluso el reconocimiento legal simbólico o el intento de reconocimiento legal de las relaciones íntimas entre humanos e IA.
Este debate de reconocer una personalidad jurídica a una IA puede ir más allá del mero hecho de ser relevante para el reparto de bienes o la custodia de los hijos. ¿Qué derechos y deberes tendría una IA que realiza un trabajo? ¿Una IA con entidad reconocida puede ser propietaria de una empresa? Y dentro de las relaciones familiares, ¿podría heredar?
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