“Nunca imaginé llegar a entrenar en la liga japonesa”
El técnico vitoriano inicia una nueva etapa en la máxima división nipona tras formarse en clubes como Araberri, Araski o Baskonia y su última aventura en Palencia
El entrenador Julen Forniés (Vitoria-Gasteiz, 1986) ha dado este verano un nuevo salto en su ascendente trayectoria profesional al incorporarse de cara a la próxima temporada al cuerpo técnico de los Shiga Lakes, de la primera división japonesa, donde ejercerá como mano derecha de Fernando Calero. Tras acumular experiencia en clubes como el Baskonia, el Araberri, el Araski, el Tizona Burgos o el Palencia, además de formar parte del cuerpo técnico de la selección de Siria, afronta uno de los mayores retos de su carrera con la ilusión de seguir creciendo en el deporte de la canasta.
¿Qué pensó cuando le llamó el Shiga Lakes?
Pensé que volvía una oportunidad que creía perdida. El año anterior ya había estado muy cerca de ir a Japón y no salió. Al principio dije que no porque estaba muy feliz en Palencia, pero pronto entendí que era una oportunidad única y que debía aprovecharla.
¿Qué fue lo que más le convenció para dar el ‘sí’ a Japón?
El proyecto deportivo y la posibilidad de trabajar con Fernando Calero. Él conoce perfectamente la liga japonesa y tenía muy claro lo que quería construir. Además, sabía que era una oportunidad única para seguir creciendo como entrenador y vivir una experiencia que quizá no volvería a presentarse.
¿Qué podéis aportar tú y Fernando Calero como cuerpo técnico español a la liga japonesa?
Una forma de entender el baloncesto basada en la intensidad, el ritmo alto y la defensa agresiva. Es un estilo que ya se está imponiendo en Europa y que nosotros llevamos años trabajando. Además, también una metodología clara y una manera de trabajar cercana con el jugador, que creo que puede ayudar a seguir haciendo crecer la liga.
"Queremos aportar un baloncesto basado en la intensidad, el ritmo alto y la defensa agresiva"
¿En qué consiste realmente el día a día de un entrenador ayudante?
Gran parte de nuestro trabajo empieza mucho antes del partido. Analizamos al rival, preparamos el scouting y trasladamos toda esa información al entrenador y a los jugadores de la forma más clara posible. Después llega el trabajo en la pista, donde hay que convertir ese análisis en entrenamientos que ayuden al equipo a competir mejor. Son muchas horas de vídeo, planificación y preparación; es una profesión muy exigente, pero también muy apasionante.
Ha trabajado con entrenadores como Diego Ocampo o Natxo Lezkano. ¿Qué se lleva de ellos a esta nueva etapa?
De Diego Ocampo me llevo, sobre todo, la metodología de trabajo y la atención al detalle. Es un entrenador que transmite una cultura del esfuerzo y una forma de analizar el juego que te hace crecer mucho. De Natxo Lezkano destacaría su gestión del grupo y su capacidad para comunicar las ideas de forma muy clara. He tenido la suerte de trabajar con grandes entrenadores y de todos he intentado quedarme con lo mejor para seguir construyendo mi propia forma de entender este deporte.
Mirando atrás, desde Olabide hasta Palencia, pasando por Araberri, Araski, Burgos o incluso la selección de Siria, ¿qué momentos han sido decisivos para llegar hasta aquí?
Todo empezó cuando tenía 16 años y me ofrecieron entrenar un equipo infantil en Olabide. Ahí descubrí que quería dedicarme a entrenar. Con el paso de los años fui dando pequeños pasos hasta llegar al baloncesto sénior, pero hubo un momento clave durante la pandemia, cuando hablé con Jota Cuspinera. Yo me estaba planteando dejar mi trabajo para dedicarme por completo a esto y él me puso en contacto con su agencia. Gracias a esa oportunidad pude marcharme a Reino Unido y empezar mi carrera como entrenador profesional. Después, llegaron experiencias como la selección de Siria, Tizona Burgos, trabajar junto a Diego Ocampo, Natxo Lezkano o esta última etapa en Palencia. Mirando atrás, te das cuenta de que cada persona y cada etapa han sido importantes para acabar llegando a una oportunidad como la de Japón.
"Todo empezó cuando tenía 16 años y me ofrecieron entrenar un equipo infantil en Olabide"
¿Qué espera aprender usted del baloncesto japonés?
Sobre todo, seguir creciendo como entrenador. La liga japonesa tiene jugadores de muchísimo nivel, muchos con experiencia en la NBA o en Europa, y eso te obliga a prepararte cada partido al máximo. Tener que analizarles de cerca y competir contra ellos va a ser un aprendizaje enorme. También me interesa mucho ver cómo se trabaja allí día a día, su metodología y su forma de entender el baloncesto. Al final es una oportunidad para seguir formándome en un entorno completamente diferente al que conozco.
¿Hay algún jugador japonés o de la liga al que tenga especial interés por ver o entrenar?
He tenido algún contacto previo con el baloncesto japonés cuando estuve en la selección Siria y nos enfrentamos a Japón en la Copa Asia donde ya vi jugadores como Yuta Watanabe –ex de la NBA– y Yuki Togashi, que me llamaron mucho la atención. Ahora tengo especialmente interés en verles otra vez de cerca, igual que a otros jugadores de muchísimo nivel que están en la liga, muchos con experiencias en la NBA o en Europa, como Brandon Davis, que esta en el Alvark Tokyo. Va a ser muy interesante poder trabajar con ellos y también ver de cerca cómo se relacionan nuestros jugadores con ese nivel. Al final es una oportunidad para aprender mucho y para comparar formas distintas de entender el baloncesto.
¿Qué es lo más va a echar de menos al marcharse a Japón?
Sin duda, el grupo humano que he encontrado en Palencia. La relación con todo el cuerpo técnico, el club y las personas que trabajan alrededor del equipo ha sido extraordinaria. He disfrutado muchísimo este año y me da mucha pena dejar un ambiente así porque no es fácil encontrarlo. También echaré de menos a la afición. Vivir un pabellón lleno en cada partido, sentir el apoyo constante y ver cómo miles de personas acompañaban al equipo incluso en los desplazamientos ha sido algo muy especial. Ha sido una experiencia que recordaré siempre.
"Me da mucha pena dejar un ambiente como el que he encontrado en Palencia porque no es fácil encontrarlo"
¿Qué tendría que pasar en un año para que sienta que ha merecido la pena ir a Japón?
Me gustaría que el club quisiera renovarme, porque eso significaría que las cosas han salido bien. También que logremos el objetivo de entrar en el play off y que la experiencia de entrenar junto a Fernando Calero sea tan positiva como la imagino. En cualquier caso, estoy convencido de que solo por vivir esta experiencia ya habrá merecido la pena. Japón es un país que siempre había querido conocer y ahora voy a tener la oportunidad de hacerlo desde dentro, trabajando en el baloncesto y aprendiendo cada día.
¿Qué le diría al Julen que empezó a entrenar en Olabide?
Le diría que disfrute del camino y que tenga paciencia. Cuando empecé ni siquiera imaginaba que algún día podría entrenar en LEB Oro, mucho menos marcharme a Japón. Todo ha llegado paso a paso. También le diría que merece la pena el esfuerzo. Ha habido sacrificios, momentos difíciles y decisiones importantes, pero todas han servido para seguir creciendo. En esta profesión nunca dejas de aprender y esa es una de las cosas que más me apasiona. Hoy sigo teniendo la misma ilusión que cuando empecé a entrenar con 16 años.