La ciudad emergente

Iruña Veleia, poblada desde la edad del Bronce y hasta que marchó el Priorato de Nuestra Señora de Iruña, va sacando a la luz sus edificios y su historia, mostrando la importancia que tuvo el territorio de Iruña de Oca desde la antigüedad

17.07.2021 | 00:44
Patio y aljibe de una domus.

Nanclares de la Oca – El yacimiento de Iruña Veleia está situado en el término municipal de Iruña de Oca a unos 10 kilómetros al Oeste de Vitoria, ocupando el espolón de Arkiz, delimitado al Norte, Sur y Oeste por un gran meandro del río Zadorra. De sus 126 hectáreas de extensión, 11 pertenecen al recinto amurallado.

Dotado de fáciles comunicaciones y zona de aparcamiento sin problemas, es un sorprendente lugar al que dedicarle tiempo y paseo, aunque quedan muchas hectáreas por ser excavadas, tanto dentro como fuera de sus murallas. En su origen no era un asentamiento romano, sino un núcleo habitado previamente, con vestigios de asentamiento mil años antes de nuestra era, desde finales de la edad del bronce, y en la edad del hierro parece que fue relativamente importante.

Una vez conquistado el lugar y desalojados sus pobladores, fue durante la primera mitad del siglo I dC, cuando aparecen las primeras domus o viviendas urbanas romanas, y avanzado el siglo I, en época flavia, la ciudad alcanza mayor esplendor, construyéndose lujosas viviendas y grandes edificios públicos que debieron configurar un centro urbano acorde con la importancia que había adquirido la ciudad de Iruña, como se comienza a apreciar en la actualidad.

Aprovechando su existencia se asentó la población romana y se puso en marcha una ciudad más importante relacionada con la vía que comunicaba Astorga con Burdeos, la Iter XXXIV, también denominada Itinerario Antonino A-34, o la Asturica Burdigalam.

En el siglo II también se realizaron importantes obras de embellecimiento y mejora de instalaciones urbanas, siendo citada Veleia en las fuentes antiguas por Plinio y Ptolomeo.

Durante el siglo III, redujo su superficie urbana aunque sin duda este periodo es el peor conocido, ya que coincide con la inestabilidad en el propio Imperio romano. A finales de dicho siglo o principios del siguiente se construyeron las murallas, que serían la última gran obra pública realizada en la ciudad.

Todo señala a que se seguiría viviendo también extramuros, pero se dejó en el interior las instalaciones y casas más importantes en un recinto con una muralla que tiene un perímetro de casi dos kilómetros de longitud, una anchura, en algunos casos, de cinco y seis metros y unas alturas, en muchos lugares de más de ocho metros. Hacia el río aprovechó un cortado natural y a partir de ahí levantaron la muralla, de la que aún se conservan vestigios de 16 torres.

Una vez desaparecido el Imperio romano de occidente, entre finales del siglo quinto y el sexto, Veleia se fue despoblando, no documentándose un nuevo poblamiento hasta su uso como Priorato de Nuestra Señora de Iruña, de la Orden de San Juan, a mediados del siglo XIV.

Un paso por el yacimiento El interior de la muralla es la zona en la que tradicionalmente se ha excavado desde finales del XIX y comienzos del XX, aunque de manera esporádica y sin un proyecto serio hasta el iniciado por la empresa Lurmen y a continuación con el Plan Director Iruña Veleia, de la Diputación Foral de Álava, propietaria del terreno, cuya vigencia ha finalizado, aunque en la institución foral están terminando de diseñar el siguiente, en el que seguramente colaborará el Gobierno Vasco.

De esta manera, durante este periodo se ha trabajado en dos ámbitos: en la muralla, especialmente la zona de la entrada que estaba en riesgo de desplome. Ahí se ha excavado y consolidado, porque no se había planteado recuperarla. Y la otra línea era excavar fuera de la muralla, con la idea de demostrar que la ciudad era mucho más grande. De hecho, la sospecha de que había más ciudad fuera de la muralla partió de una fotografía antigua en la que se apreciaba una estructura, y así se localizó un mercado de la época romana, posiblemente del siglo I o II antes de Cristo.

El mercado A ese espacio se le dedicó tiempo y esfuerzo y así se pudo recuperar el macellum, el mercado. Los arqueólogos pudieron detallar y rescatar que había un camino desde la puerta de la muralla y hasta la puerta de acceso al mercado. A las puertas, porque había otra de acceso a los servicios que abría el ordenanza, el guarda. Por la puerta principal se accedía a la estructura del mercado. Una vez excavado se ha podido comprobar que la mayor parte de la estructura tuvo otras formas y seguramente para lograr una mayor estabilidad de los muros y columnas, ya que el subsuelo en esa zona es principalmente de tierra, se movieron las paredes a mediados del siglo II. Como testimonio de esos cambios se ha dejado en el pavimento la marca de las antiguas separaciones.

En la zona central está el patio y a su alrededor estaban las distintas estancias. En una de ellas, la del guarda, se encontraron las pesas que servían para certificar que las pesas y medidas utilizadas por los comerciantes, se ajustaban a la legalidad, para que nadie timara a los clientes. Esas pesas y otros muchos miles de hallazgos, como monedas, cuchillos de los carniceros y cerámicas se conservan en el museo, en Vitoria. También en el patio había un espacio donde estaría la estatua de alguna divinidad o de algún benefactor del mercado. Al lado debería haber una pequeña piscina circular, la tholos, que se ha perdido, pero se ha colocado una réplica. A ese estanque se echaba el pescado, seguramente vivo, y se hacía como ahora en las marisquerías, que el cliente elegía el que quería. Lo sacaban y lo limpiaban ahí mismo y la demostración es que en el lugar se han encontrado una gran cantidad de escamas de peces.

Ese hallazgo mostraba la alta calidad de vida de la ciudad. Un investigador de la Universidad de León acometió el estudio de esos restos y logró identificar unas 23 especies y que la mayor parte eran marinas. No se sabe con certeza si los llevaban vivos o secos... Pero también había de río. Además se encontraron almejas, ostras... Lo que mostraba el alto nivel adquisitivo que tenían algunos de los habitantes de Iruña Veleia. En el macellum, además, se localizaron salas, pinturas, objetos y hasta lo que pudo ser una tienda de telas.

Por su parte, en el interior del recinto amurallado, se han localizado, y en parte recreado, enormes casas, templos y edificios administrativos. Un ejemplo es la gran domus de Pompeia Valentina, la del mosaico de los rosetones, el templo o las enormes cisternas que aseguraban el mantenimiento del agua en la ciudad, aunque todo parece indicar que las edificaciones tenían sus propias cisternas.

Para disfrutarlo En el centro de atención y recepción de visitantes hay establecido un horario de verano de martes a sábado, de 11.00 a 14.00 horas y de 16.00 a 19.00 horas. Domingos y festivos, de 11.00 a 14.00 horas. Además se llevan a cabo visitas guiadas. Se ofrecen dos recorridos guiados para conocer los rincones más emblemáticos de Iruña-Veleia, incluyendo el open área o zona exterior de la muralla –donde, entre otros puntos, se pueden contemplar los restos lo que fue un gran mercado–, la propia muralla y la puerta del sur. A esto se suma que todos los sábados de junio a septiembre hay visita guiada a las 12.00. Son gratuitas y sin cita previa.

Para aquellas personas interesadas en conocer mejor la historia de Iruña Veleia, se les anima a acercarse a la tercera planta del Museo Bibat sección Arqueología, cuya visita es más que recomendable para complementar las informaciones extraídas del recorrido al yacimiento, ya que allí se han expuesto parte de los hallazgos.

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