Una lucha en primera persona

31.05.2020 | 00:19
Iñigo Etxebarria, Médico Interno Residente (MIR)

La amenaza del covid-19 persiste, pero el retorno a la ansiada normalidad sigue dando pasos estos días. Una recuperación de las rutinas que no hubiera sido posible sin la labor de trabajadores de la sanidad alavesa como Josune, Iñigo, Martina Pilar y Beatriz.

vitoria – Álava se adentra cada semana que pasa un poco más en la ansiada normalidad gracias a la mejora de la situación epidemiológica, pero hace no muchos días el territorio estaba sufriendo como pocos en su entorno el impacto del covid-19. Osakidetza reportó el primer caso de coronavirus en la provincia el 28 de febrero, hace apenas tres meses, y Álava atravesó el pico de la pandemia en plena transición de marzo a abril, con la población ya confinada en sus casas. Dos meses después de superar lo peor de esta crisis, y aunque la amenaza del virus persista todavía, el sistema sanitario comienza también ahora a retomar unas rutinas que hubiera sido imposible recuperar sin el trabajo de todas las personas que lo integran.

Nombres propios como los de Josune Echevarría, técnica en cuidados de enfermería en las Urgencias del HUA-Txagorritxu; Iñigo Etxebarria, médico interno residente (MIR) en la OSI Araba; Beatriz Mendoza, enfermera y JUAP del centro de salud de Murgia; y Martina Pilar González, vocal del Colegio de enfermería de Álava y también profesional de la OSI Araba, que se han animado a compartir con DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA su experiencia personal en esta lucha contra el covid-19. Profesionales de distintas generaciones, de entornos y niveles asistenciales distintos y de roles profesionales también diferentes pero que comparten una historia vital y profesional que les ha dejado huella.

"Mira que he pasado muchas cosas, porque he trabajado 20 años en Basurto, pero como esto nada", reconoce Echevarría, que suma tres décadas de experiencia como auxiliar de enfermería en Osakidetza. Esta última, en el centro de José Atxotegi, convertido en el foco primigenio del coronavirus a nivel local. Como gran parte de la población y de sus compañeros en el HUA, esta profesional reconoce que hasta que el virus no se extendió por la zona norte de Italia no fue consciente de que, tarde o temprano, también "iba a llegar" aquí.

"No sabíamos de qué manera ni cómo teníamos que actuar, pero empezamos a prepararnos", recuerda Echevarría. A los pocos días, un incesante goteo de pacientes con síntomas, que después se convirtió en marea, empezó a poner a prueba los límites del hospital. "Hubo tres o cuatro semanas que estuvimos muy mal. Fueron semanas muy angustiosas, de estar muy mal física y sobre todo psicológicamente", recuerda la auxiliar. A la fuerte presión asistencial, el desconocimiento compartido, la escasez de materiales de protección o los cambios constantes en los protocolos se fueron sumando los positivos entre la propia plantilla del centro, que estuvo mermada durante semanas, y también los casos graves y las muertes. "La mayoría hemos salido algún día llorando por las situaciones que hemos vivido", reconoce Echevarría.

En este difícil contexto, cada una de las personas que integran la estructura de Osakidetza ha sido vital para hacer frente a la pandemia, independientemente de sus años de experiencia, incluyendo a quienes todavía están completando su formación. Es el caso de Iñigo Etxebarria, MIR en la especialidad de Medicina familiar y comunitaria, quien difícilmente podría haber imaginado un tercer año de residencia de estas características. "Esto me ha enseñado a valorar lo importante que es el sistema de salud pública y universal, también en cuanto a la atención primaria", resume este joven vizcaíno, que compagina su labor en el centro de salud de Lakuabizkarra con las guardias en Txagorritxu y Santiago.

Etxebarria rememora la "incertidumbre" que marcó aquellos compases iniciales de esta "situación excepcional" e inesperada, que obligó a "adaptar todo el sistema sobre la marcha" y a todas las personas que forman parte de él a dar lo mejor de sí. También, las "duras" experiencias vitales que el virus ha dejado a su paso, como "tener que vivir todo el proceso en soledad" en el caso de las personas enfermas. Y por supuesto, todo el aprendizaje adquirido, o convencerse de la importancia que tiene "el apoyo cercano" de la atención primaria a la que en un futuro cercano se dedicará profesionalmente.

también en los pueblos Un nivel asistencial que conoce ya a la perfección Beatriz Mendoza, JUAP del centro de salud Norte Zuia, que suma 27 años de experiencia como enfermera rural y también ha lidiado estos días con una emergencia que llegó, según recuerda, de una manera "súbita". "Lo veíamos en China, como algo lejano, con unas condiciones determinadas. No pensaba que nos íbamos a tener que confinar, pero es lo mejor que se ha hecho en toda esta pandemia", reconoce la profesional, que también es vicepresidenta del Colegio alavés de enfermería. La gestión del coronavirus en su zona de salud, que hasta la fecha ha registrado once casos confirmados de covid-19, ha sido "muy diferente" a la de la ciudad, pero lo que no ha cambiado es esa "cercanía" con las personas afectadas. "Hemos tenido que acompañar mucho a los familiares, dar mucho apoyo, y lo hemos vivido con mucha carga emocional", destaca Mendoza, que en muchos casos ha conocido a las cuatro generaciones de una misma familia.

Comparte con Mendoza su condición de veterana enfermera e integrante de la junta del Colegio profesional del gremio, en este caso como vocal, Martina Pilar González, que desde hace un año y medio desempeña su labor en el servicio trasfusional de la OSI Araba. Un banco de sangre centralizado en Txagorritxu al que lógicamente también se le ha multiplicado el trabajo durante estas semanas de "esfuerzo y reorganización permanente" en palabras de González. La profesional, como habitualmente, ha compaginado su trabajo en la consulta y las plantas, tanto en las destinadas a pacientes covid-19 como en las que no. Jornadas de "dedicación, compromiso y cercanía" en las que ha convivido con la difícil situación de estas personas. "Los pacientes se sentían muy solos y el hospital parecía a veces como un desierto", recuerda la enfermera, que pese a haber dedicado 25 años de su carrera profesional a la atención en UCI de Txagorritxu también ha vivido esta tesitura "con miedo y angustia".

Después de todo lo conseguido y también de lo "muchísimo" aprendido, González insta a la población a "no relajarse" y pone en valor el papel de la enfermería, que a su juicio debería reforzarse, sobre todo en la atención primaria. "Estamos viviendo la resaca de las medidas de recorte de los últimos años", recuerda. "Necesitamos mantenernos en alerta, viendo que esto es una pandemia y que, como tal, no podemos relajarnos. Tenemos un sistema sanitario muy bueno, con unos profesionales excelentes y hay que cuidarlo", resume, por su parte, Mendoza.

"La relajación puede venir, porque somos animales de costumbres. Esto viene para quedarse, y mientras haya contagios seguirá aquí", apunta por su parte Echevarría, quien recuerda que el empleo de la mascarilla "nunca está de más", incluso en los espacios abiertos y con distancia social.

Iñigo Etxebarria, con todo lo visto y aprendido, valora el inmenso trabajo en equipo de todo personal de Osakidetza durante estos días, "al margen de rangos" y "con un único fin", que no es otro que "intentar ayudar". "Lo más importante es que todo el mundo se ha unido, la atención primaria y la hospitalaria", destaca el joven MIR, quien subraya asimismo el gran trabajo desempeñado por los residentes, que "desde su puesto también han dado el do de pecho".

"Los pacientes se sentían muy solos y el hospital parecía un desierto"

martina p. gonzález

Enfemera

"He aprendido a valorar lo importante que es el sistema de salud"

iñigo etxebarria

Médico interno residente (MIR)

"Hemos tenido que acompañar mucho a los familiares de los ingresados"

BEATRIZ MENDOZA

Enfermera

"La mayoría hemos salido algún día llorando por las situaciones vividas"

JOSUNE ECHEVARRÍAAuxiliar de enfermería